Descansa en la soberanía de Dios

La Biblia dice en Daniel 3: 17 He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh, rey, nos librará.

Así respondieron, Ananías, Misael y Azarías, jóvenes que estaban en la corte del imperio babilónico a Nabucodonosor ante su negativa de adorar una estatua del monarca de unos tres metros que había instalado en el valle de Dura, una de las provincias de esa nación pagana e idolatra.

A estos muchachos, que el propio rey les había cambiado sus nombres hebreos para llamarlos Sadrac, Mesac y Abed-nego como sus dioses, se les obligó a adorar esa imagen que claramente contrariaba uno de los diez mandamientos que dice: no te harás imagen ni semejanza de nada en la tierra o el cielo y ni te postrarás ante ella.

Ellos rechazaron por tanto venerarla aun cuando había un severo castigo para quienes se opusieran a esta disposición del imperio babilónico: morirían en un horno de fuego al que serían arrojados por no acatar las disposiciones del gobernante y sus funcionarios, en lo que sería un muerte horrenda.

La respuesta o las palabras de Ananías, Misael y Azarías al rey revelan su seguridad en la soberanía de Dios porque le dicen “puede librarnos del horno de fuego” no le dicen “nos librará del horno de fuego”. ¿Duda?, ¿falta de fe?, ¿incredulidad? Ninguna de ellas, sino un profundo conocimiento y temor por los hechos soberanos de Dios.

Dios puede hacer y no puede hacer. Dios puede salvar y no puede salvar. Todo esta en sus manos. Nadie ni nada puede obligarle a hacer lo que él en su conocimiento anticipado de todas las cosas ha determinado hacer. Los tres jóvenes descansaron en su soberanía. Reposaron en ella. Así ni se frustrarían, ni se sentirían defraudados por Dios.

En tiempos en los que algunos creen que pueden ordenarle a Dios que haga tal o cual obra o que se manifiesta cuando ellos quieran o como ellos quieran, resulta sumamente aleccionadora la actitud de estos tres varones. Nos enseñan que debemos dejar a Dios obrar su perfecta voluntad.

De lo que estaban seguros es que Dios los libraría de la mano de Nabucodonosor. La muerte o la salvación lo haría. Si morirían el poder del monarca sobre ellos se acabaría, pero si Dios los salvaba ocurriría lo mismo, por eso dicen también que “y de tu mano, oh rey, nos librará” con una certeza absoluta.

El horno de fuego era una prueba en la que debían confiar en la soberanía de Dios y eso nos enseña que nosotros enfrentaremos situaciones y circunstancias donde lo mejor es esperar en su soberanía que es perfecta y sabia.

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