El amor a la gloria de los hombres

La Biblia dice en Juan 12: 43 Porque amaban más la gloria de los hombres que la gloria de Dios.

Así resume Juan el gran conflicto que vivieron los gobernantes judíos que creyeron en Cristo, pero que por causa de los fariseos se negaron a hacer pública su fe. Decir abiertamente que creían en Jesús les costó mucho trabajo por lo que iban a decir de ellos quienes tenía el monopolio de la religión hebrea de ese tiempo.

Juan nos enseña en este verso que hay dos clases de gloria en este mundo: la gloria de los hombres y la gloria de Dios. En términos sencillos podemos decir que este mundo se debate entre el reconocimiento que dan los hombres y el reconocimiento que Dios le da a quienes confiesan frente a todos su fe.

Para aquellos gobernantes de los tiempos de Jesús su posición social, su aceptación en el círculo de amistades y el temor a ser señalados como extraviados de la fe general de su pueblo fue suficiente para rechazar toda relación con Cristo. Temor, vergüenza, miedo y hasta pena ajena les invadió y optaron por callarse sus convicciones.

Lo hicieron así porque amaban la gratificación que daba ser parte de un grupo de personas que vivían para agradarse a sí mismas. La gloria de los hombres es fuerte porque nadie quiere sentirse excluido. Y creer en Cristo irremediablemente los separaría de esa forma de vida que ellos disfrutaban placenteramente.

Que difícil fue para ellos desprenderse de ese estilo de vida: donde lo importante es ser como los demás. Hacerse como la mayoría aunque uno no este de acuerdo con tal de no dejar de pertenecer a un grupo o círculo. Y aún peor: hacer cosas con las que no se está de acuerdo e ir contra nuestra propia conciencia, pero no perder por nada el reconocimiento.

La gloria de Dios no era atractiva para ellos porque pasaba por creer en un predicador llamado Jesús que era odiado por los fariseos, el cual pedía romper con la hipocresía y vivir con sinceridad delante de Dios amando a su prójimo. Aceptar que sus palabras eran ciertas significaba para ellos dejar la gloria de los hombres y no quisieron hacerlo.

Hoy en día la lucha es la misma: optamos entre la gloria de los hombres o con humildad nos inclinamos por la gloria de Dios. Rechazamos el reconocimiento que los hombres hacen o buscamos el que viene del cielo. La recompensa será gratificante: la vida eterna.

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