Restauración divina

La Biblia dice en Salmos 80: 3 Oh Dios, restáuranos; haz resplandecer tu rostro, y seremos salvos.

Los monumentos históricos, las piezas de arte y muchos otros objetos sufren el paso del tiempo. El viento, el polvo y la mano del hombre sobre ellos es veces su peor enemigo porque los afectan y la belleza que un día lucieron deviene en fealdad y ausencia de estética que los hace deslucir.

La intervención se hace entonces indispensable, porque si se deja sin atención el riesgo de destruirse es grande. Los monumentos históricos que hay en México son el vivo ejemplo de ello. En Oaxaca es común encontrar restauradores dedicados a salvar monumentos, edificios y piezas arqueológicas en peligro.

Los resultados son sorprendentes porque si bien no recuperan todo el esplendor que tuvieron, al menos se conservan con una singular belleza que los hace atractivos a los ojos de quienes los contemplan. La restauración se convierte así en un asunto imprescindible para salvarlos.

Asaf, un levita cantor, es quien compone este salmo y le pide a Dios justamente que restaure a Israel. El tiempo los ha llevado perder el esplendor que tuvieron cuando Dios los introdujo a la tierra prometida con Josué a la cabeza. Ese tiempo de victoria tras victoria sobre sus enemigos se ha perdido y es necesario recuperarla.

Es muy interesante la palabra hebrea que se emplea al decir “restáuranos” porque procede de la raíz “shub” que se utiliza más de mil veces en el Antiguo Testamento. Esa expresión se traduce como regresar, volver, retornar, otra vez, de vuelta, traerlos, convertir, girar y hasta retroceder entre otras muchas expresiones.

Bajo esta definición entendemos lo que Asaf esta pidiéndole a Dios en el salmo que compuso. Le está suplicando que regresen a ese punto donde Dios era todo para ellos. Quiere de nueva cuenta, otra vez, volver a sentir la maravillosa presencia de Dios. Asaf suplica que Dios los convierta en suyos como fue en un principio.

Además, pide que su rostro resplandezca sobre ellos. Una forma de llamar la presencia benigna de Dios ante circunstancias en las que parece que el Señor ha abandonado a su pueblo. Su rostro resplandeciente será una señal inequívoca que han sido restaurados y caminan de nueva cuenta ante la luz de Dios.

De esa manera serían salvos. Dios los rescataría de peligros y aflicciones. Los auxiliaría ante las adversidades y males que los rodeasen. De allí la importancia de la restauración que Dios hace con quienes reconocen que necesitan volver a él.

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