Dios libra al justo del sufrimiento y el impío entra en su lugar

La Biblia dice en Proverbios 11: 8 El justo es librado de la tribulación; más el impío entra en su lugar.

En la Escritura encontramos ejemplos de la verdad que retrata este verso. Dios siempre cuidado de los justos, los piadosos y temerosos de Dios y los libra del sufrimiento y la muerte y sí, en lugar suyo entran los injustos porque el Señor es compasivo con quienes le sirven de todo corazón.

El libro de Ester nos relata el caso de Mardoqueo, un hebreo lleno de bondad que recogió a su sobrina Ester cuando quedó huérfana y la crió como si fuera su propia hija. Odiado por Amán, este judío frecuentaba la corte de Asuero y no rendía pleitesía a Amán, lo que le hizo ganarse no solo su desprecio sino una aberración que llevó a planear su asesinato.

Apoyado por su esposa y sus amigos, preparó una horca muy alta para Mardoqueo. Pero no contaba con que el rey Asuero se enojaría con él al saber su conspiración para destruir a todos los israelitas que vivían en el imperio y al tratar de pedir ayuda a la reina Ester cayó en su cama justo cuando entró el rey y se enojó en extremo al grado de pedir su muerte.

La horca que había preparado para Mardoqueo fue la misma que se utilizó para perder la vida. Salomón no se equivoca cuando escribe que el justo es librado de la tribulación; más el impío entra en su lugar.

En el libro de Daniel encontramos retratada esta verdad también. Un grupo de funcionarios de Darío le pidieron que emitiera un decreto para que nadie en su gobierno hiciera petición alguna a cualquier “dios” a sabiendas que Daniel era un hombre de oración. La ley estaba destinada para dañarlo a él.

Sin hacer caso del decreto, Daniel entró a su recámara y abiertas la ventanas mirando hacia Jerusalén hizo oración y fue denunciado por estos funcionarios y fue condenado al foso de los leones a donde fue arrojado por haber violado la ley de media y persia, pero milagrosamente salvó su vida por la intervención del Creador.

Cuando Darío lo buscó y vio que había sido salvado, ordenó que fueran arrojados los funcionarios que denunciaron a Daniel. Y antes de que cayeran en el foso, los leones dieron cuenta de ellos.

Sí, Dios libra al justo de la tribulación y el impío entra en su lugar. Los malvados son castigados con sus propias acciones, mientras que el Señor siempre interviene a favor de los temerosos de Dios para quitarlos de las manos de los perversos que quieren dañarlos y ese daño se vuelve contra ellos mismos. Bendito sea nuestro Dios.

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