La duda ofende al Señor

La Biblia dice en Romanos 14: 23 Y todo lo que no proviene de fe, es pecado.

La iglesia primitiva tuvo un gran problema con la comida. La cultura romana en que nació la fe en Jesucristo contribuyó demasiado en esta discusión sobre si se podía comer todo tipo de carne o se tenían que abstener de aquella que había sido utilizada para sacrificios paganos en los templos romanos.

En las cartas a los Romanos y 1ª a los Corintios el apóstol aborda el tema para tratar de resolver el debate que se tornaba intenso particularmente entre dos bandos muy marcados: 1. Los que decían que esos alimentos se podía consumir sin problema porque al final de cuentas con orar por los alimentos se santificaban.

2. El otro grupo decía que era una afrenta al Señor tomar esa clase de alimentos porque habían sido sacrificados a los ídolos paganos y en consecuencia se convertían en un problema para el creyente porque lo contaminaban no solo físicamente sino también espiritualmente.

Ante tales posiciones, Pablo medió para evitar que esa discusión polarizara a la iglesia y lo hizo de tal manera que recurrió a un sencillo planteamiento: Llamó a los que decían que no debía comer esa carne “débiles en la fe” (ellos se habían vuelto vegetarianos) una clasificación que se podría pensar que estaba a favor de los que sí comían.

Pero no. A los que no tenían problema con la carne les pidió que se abstuvieran de comer esos alimentos frente a los débiles en la fe en lo que parecería un triunfo de los “débiles en la fe”, pero también no. Eran un llamado a los maduros para atender en el amor a Cristo a quienes sentían ofender su conciencia comiendo esa clase de dieta.

Como eran posiciones irreconciliables entre ambos grupos, Pablo les pide que dejen e estarse juzgando y al contrario se amen unos a otros, recalcándoles a ambos grupos que el reino de los cielos no consiste en comida o bebida, sino justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo.

Y es aquí donde Pablo llega a una de las grandes verdades del libro de Romanos: los hombres y mujeres deben vivir conforme a sus convicciones. La palabra fe se define como la convicción de lo que no se ve. El creyente esta convencido y debe vivir de acuerdo a esas convicciones siempre con amor al prójimo.

Nada más triste que una persona sin convicciones. Es una persona arrastrada por toda clase de ideas y pensamientos de otros. Es una especie de hojarasca llevada por el viento y es también como una ola empujada de un lado para otro el mar. Por eso Pablo dice que todo aquello que no nace de una convicción es pecado. La duda es un pecado.

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