Las preguntas de Jesús: ¿por qué se enojan conmigo por sanar a un hombre en sábado?

La Biblia dice en Juan 7: 23

Pues, si el tiempo indicado para circuncidar a un hijo coincide con el día de descanso, ustedes igual realizan el acto, para no violar la ley de Moisés. Entonces, ¿por qué se enojan conmigo por sanar a un hombre en el día de descanso? (NTV)

Enojados con Dios

El día de reposo se convirtió en el gran pretexto de los judíos para atacar a Jesús. Muchas de las sanidades que obró el Señor ocurrieron exactamente en ese día. Los fariseos, escribas, saduceos, sacerdotes y toda los religiosos de la época de Cristo convirtieron el día de reposo en el centro de la vida de la fe judía de una manera exagerada.

Y digo que de manera exagerada porque convirtieron al shabat en algo mucho más importante que las propias personas. Jesús comprendió que el sentido por el que Dios instituyó el descanso obligatorio para los hebreos el séptimo día se había pervertido y trató de hacerles ver que estaban equivocados.

Jesús hizo cinco sanidades justo en el día de reposo:

1. Sanó al ciego de nacimiento (Juan 9)
2. Sanó a una mujer encorvada por 18 años (Lucas 13: 10-17)
3. Sanó al paralítico de Betesda (Juan 5)
4. Sanó al hombre de la mano seca (Marcos 3: 1-2)
5. Sanó a un hombre hidrópico (Lucas 14: 1-6)

Jesús lo hizo a propósito porque los fariseos hipócritamente obligaban a los demás a guardar de manera estricta el día de reposo, pero ellos podían hacer muchas cosas de manera discrecional. En realidad el día de reposo lo utilizaban como instrumento para atacar a Jesús.

El Señor lo sabía perfectamente. Por esa razón muchas de las grandes sanidades que hizo ocurrieron exactamente en el día de reposo o shabat. Era una manera de hacerles ver el gran error que estaban cometiendo al poner una celebración por encima de la piedad que debe tener cada persona.

La pregunta que hace a la multitud que lo insultó diciéndole que estaba endemoniado tenía como propósito hacerles ver su error y que cayeran en cuenta de que su enojo no tenía sentido ni sustento. Su molestia por sus milagros en el día de descanso no tenía la menor razón ni resistía argumento alguno.

Las preguntas de Jesús: 

¿por qué se enojan conmigo por sanar a un hombre en el día de descanso?

¡No te enojes con Dios!

I. Es una grave ofensa
II. Es algo absurdo
III. Es muestra de una gran superficialidad

Los judíos del tiempo de Cristo estaban verdaderamente enfurecidos con Cristo. Lo quisieron apedrear muchas veces, según nos relata el evangelio de Juan. Esa furia los llevó al odio y finalmente provocó que lo condenarán a la muerte y pidieran que fuera liberado un delincuente llamado Barrabás.

Le dijeron samaritano, endemoniado, pero sobre todo lo condenaron por hacer milagros en el día de reposo. Nada los ofendía tanto como que le dijera a los paralíticos: levántate, toma tu lecho y anda. Era para ellos una gran ofensa que en día de reposo hiciera eso. A ellos poco o nada les importaba que en ese día un hebreo hubiera sanado.

El enojo es siempre resultado de una gran incomprensión. Me atrevo a pensar que es resultado de la ignorancia. Nos enojamos, generalmente, porque solo tenemos un ángulo de la realidad. Cuando tenemos todo el panorama completo es difícil molestarnos porque comprendemos mejor a las personas.

Recuerdo aquí la historia que Charles Swindoll escribe en su libro El despertar de la gracia, ahí él relata lo que le ocurrió con una pareja que asistió a uno de sus congresos en Estados Unidos. Estos esposos se sentaron en primera fila en todas sus predicaciones e  invariablemente el esposo se durmió en cada una de ellas. Al final se acercaron a saludarlo y Charles Swindoll ya molesto, conversó con ellos.

Se enteró entonces que ese hombre dormitaba en sus predicación porque después de salir de la clínica en donde le estaban haciendo quimioterapias decidió ir a escucharlo en lugar de ir a su casa a descansar. Swindoll se sintió miserable. Lo que para él era una ofensa, para ese hombre era un esfuerzo supremo.

Los judíos se enojaron con Jesús. Se enojaron con Dios y lo hicieron por ignorancia porque no sabían frente a quien estaban. No asimilaron nunca que frente a ellos se encontraba el creador del shabat. No entendieron que el día de descanso se hizo por causa del hombre y no al revés.

Enojarse con Dios es lo más absurdo que podemos hacer hoy veremos por qué. Comprenderemos lo tonto que puede ser.

I. Es una grave ofensa

Para comprender mejor esta pregunta vayamos al pasaje completo que se encuentra en Juan 7: 20-23 que dice:

20 —¡Estás endemoniado! —respondió la multitud—. ¿Quién trata de matarte? 21 Jesús contestó: —Yo hice un milagro en el día de descanso, y ustedes se asombraron;22 pero ustedes también trabajan en el día de descanso al obedecer la ley de la circuncisión dada por Moisés. (En realidad, la costumbre de la circuncisión comenzó con los patriarcas, mucho antes de la ley de Moisés). 23 Pues, si el tiempo indicado para circuncidar a un hijo coincide con el día de descanso, ustedes igual realizan el acto, para no violar la ley de Moisés. Entonces, ¿por qué se enojan conmigo por sanar a un hombre en el día de descanso?

La multitud, dice el verso veinte, le dijo al Señor: demonio tienes. Que grave ofensa a nuestro Salvador. Solo les había dicho que tenían intenciones de matarlo. No mintió; el odio que sentían contra él los había llevado a acordar entre ellos que lo privarían de la vida en la primera oportunidad que tuvieran.

Cuando una persona está enoja con otra persona dice palabras muy ofensivas. De igual modo sucede con Dios. Cuando nos enojamos con él podemos decirle o pensar cosas que ofenden su santidad y su poder. ¿Quiénes somos nosotros para faltarle (tan gravemente) el respeto al Señor?

La Escritura registra una y otra vez que quienes se han fastidiado con Dios han terminado disciplinados por él. Uno de los ejemplos más claros es Jonás que no quiso ir a predicar a Nínive porque no quería que esa nación pagana se salvará. Dios tuvo que intervenir, y si bien Jonás ya no se enojó con él, sí se molestó por que los ninivitas fueron perdonados.

II. Es algo absurdo

Jesús les dijo a quienes estaban enojados con él por sanar en el día de reposo que estaban equivocados. En los versos veintidós y veintitrés dice lo siguiente:

pero ustedes también trabajan en el día de descanso al obedecer la ley de la circuncisión dada por Moisés. (En realidad, la costumbre de la circuncisión comenzó con los patriarcas, mucho antes de la ley de Moisés). 23 Pues, si el tiempo indicado para circuncidar a un hijo coincide con el día de descanso, ustedes igual realizan el acto, para no violar la ley de Moisés. Entonces, ¿por qué se enojan conmigo por sanar a un hombre en el día de descanso?

Los judíos que querían ser tan estrictos con el día de reposo en realidad faltaba a él cuando circuncidaban a los niños. Además la circuncisión ni siquiera era una ley emanada de la Torá judía, sino una ordenanza nacida del pacto que Dios hizo con Abraham. Como podían decir entonces que se violaba la ley.

Si en primer lugar ellos mismos la incumplían al hacer una obra ese día y en segundo lugar en sentido estricto no era un mandamiento de la ley mosaica. Pero ellos estaban enojados. Por eso les hace esa pregunta en el verso veintitrés. Porque el enojo o su enojo era algo absurdo.

III. Es muestra de una gran superficialidad

El verso veinticuatro de nuestro estudio dice así:

No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio.

Me gusta como lo traduce la versión al lenguaje actual de la Escritura porque dice así: No digan que algo está mal sólo porque así les parece. Antes de afirmar algo, deben estar seguros de que así es.

El enojo nos lleva casi siempre a emitir opiniones, es el sentido de la palabra juicio, muy lejos de la realidad. Ni siquiera tenemos pruebas de algo o alguien y afirmamos como si tuviéramos la plena seguridad de que una cosa o persona es como la vemos o como pensamos que es.

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