Las preguntas de Jesús: ¿Qué salieron a ver?

La Biblia dice en Mateo 11: 9

9 Pero ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta.

Introducción

Esta pregunta tiene una gran particularidad: la hizo Jesús en tres ocasiones, junto con otras preguntas a un auditorio que quedó contrariado cuando se enteró que Juan el Bautista había sido hecho preso por Herodes a quien acusaba de vivir en pecado por tener como esposa a su cuñada.

La ocasión sirvió para que Jesús interrogara a sus discípulos que no lograban entender bien a bien lo que estaba sucediendo entre ellos ante el encarcelamiento de quien había tenido el honor de bautizar a Jesús. Esperaban un destino, sino de grandeza, por lo menos de libertad para ese gran predicador llamado Juan.

Pero lo que se encontraron fue con una situación inesperada. Juan estaba preso y Jesús con todo el poder que tenía parecía desentenderse de esa situación. Un poco desesperado Juan envió a dos de sus discípulos para que preguntaran a Jesús si él en realidad era el Mesías y Jesús les contestó que le dijeran que los enfermos eran sanados, los cojos caminaba, los ciegos veían y a los pobres les era anunciado el evangelio.

Justo en esa situación fue que los seguidores de Jesús fueron interrogados sobre Juan. ¿Qué salisteis a ver? Les preguntó en tres ocasiones porque no habían comprendido la función de Juan en el plan de Dios.

La aparición de Juan suscitó muchas interrogantes en el pueblo judío. La autoridad del templo, los fariseos y la clase gobernante hebrea envió emisarios al desierto donde predicaba Juan para que lo interrogaran. La respuesta que les dio cuando preguntaron si era el Mesías fue: no y lo mismo cuando le interrogaron si era Elías.

Mucha gente buscó a Juan por su predicación inusual. Lo hizo mucha gente del pueblo, también fueron a verlo los publicanos y hasta soldados que compungidos por su mensaje le suplicaron que les dijera que tenían que hacer para ser salvos. A todos ellos dio respuesta, pero simpre predicó con un halo de dudas e incertidumbre de quien era en realidad.

La pregunta que Jesús le hizo tres veces a sus seguidores tenía la clara intención de que comprendieran que papel jugaba Juan el Bautista en el plan de salvación. Su vida estaba ligada a la de Jesús. Era su mensajero como un heraldo que anuncia la llegada del rey. Así Juan anunciaba al rey Jesús. Solo de una manera distinta a cómo esperaban todos.

Las preguntas de Jesús: ¿Qué salisteis a ver?

Cuando Dios aclara sus planes en tu vida

I. Ante la confusión sobre lo que esta sucediendo
II. Ante la necesidad de conocer la realidad
III. Para que los abraces con seguridad

Para mejor comprender el estudio que hoy tendremos será indispensable que leamos el pasaje completo donde surge esta pregunta o más bien estas preguntas. Lo encontramos en Mateo 11: 7-15 que dice de la siguiente manera:

7 Mientras ellos se iban, comenzó Jesús a decir de Juan a la gente: ¿Qué salisteis a ver al desierto? ¿Una caña sacudida por el viento? 8 ¿O qué salisteis a ver? ¿A un hombre cubierto de vestiduras delicadas? He aquí, los que llevan vestiduras delicadas, en las casas de los reyes están. 9 Pero ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. 10 Porque éste es de quien está escrito: He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz, El cual preparará tu camino delante de ti. 11 De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él. 12 Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan. 13 Porque todos los profetas y la ley profetizaron hasta Juan. 14 Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir. 15 El que tiene oídos para oír, oiga.

I. Ante la confusión de lo que estaba sucediendo.

El plan que Dios desarrolló durante el ministerio de Cristo fue sencillo. Envió a Juan, quien nació con diferencia de seis meses con Jesús, y comenzó su ministerio en el río Jordan a donde llegaba muchos a oírlo y a bautizarse una vez que comprendían su mensaje y se arrepentían de sus pecados.

Solo que para algunos no estaba del todo claro quien era en realidad Juan. Su vestimenta tremendamente austera –ropa de piel de camello— y su dieta –mil silvestre y langostas–, lo hacían un poco hosco para muchos y luego su demoledor mensaje contra el pecado y la maldad lo volvían enemigo de los pecadores.

Su notoriedad alcanzó su clímax cuando bautizó a Jesús y lo declaró el cordero que quita el pecado del mundo. Allí quedó para siempre su aportación a la historia de la salvación.
Fue precisamente la denuncia contra la pareja de Herodes y Herodías lo que lo llevó preso a Galilea donde gobernaba Herodes, quien presionado por su pareja Herodías se vio obligado a detener y encarcelar a Juan para complacerla a ella que se sentía grandemente ofendida porque Juan les señaló su inmoral relación.

Jesús les preguntó a sus discípulos ¿qué salieron a ver? Porque muchos de ellos no comprendían completamente lo que estaba sucediendo. Porque Juan ni era como una caña azotada por el viento, alguien débil, pero tampoco era un poderoso con ropas delicadas porque si hubiera vestido ropa lujoso estaría en un palacio y no en un desierto.

A los discípulos les sucedió lo que nos ocurre muchas veces a nosotros: no entendemos el plan que Dios tiene para nuestras vidas por la confusión que se agolpa en nuestra mente cuando no comprendemos lo que está haciendo Dios. No le encontramos sentido a lo que nos ocurre, pero el plan de Dios sigue aunque no lo asimilemos.

II. Ante la necesidad de conocer la realidad

Jesús les tuvo que aclarar a sus oyentes que Juan el Bautista era un profeta. Según leemos en los versos nueve al once dicen al respecto lo siguiente:

9 Pero ¿qué salisteis a ver? ¿A un profeta? Sí, os digo, y más que profeta. 10 Porque éste es de quien está escrito: He aquí, yo envío mi mensajero delante de tu faz, El cual preparará tu camino delante de ti. 11 De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él.

Con estas palabras Jesús aclararon el papel de Juan en el plan de la salvación. Lo que para muchos era incomprensible, Jesús lo aclaró y con ello nos dio una gran lección sobre un asunto por demás relevante para nuestra vida. La realidad que vivimos no necesariamente es la realidad de Dios.

Juan era un profeta y más que un profeta porque además de ser su mensajero, nunca se levantó uno como él. De hecho Juan cerró el libro de profetas de los judíos. La Biblia hebrea se divide en tres partes: ley o torá, navim o profetas y ketuvim o escritos. Juan cerró el de navim o profetas.

Lo que a los ojos de los discípulos era un simple hombre o alguien sin relevancia porque estaba preso, era en realidad un varón de gran relevancia dentro del plan de Dios para la salvación.

Necesitamos claridad en nuestra vida para saber cuales son los planes de Dios para nosotros. No debemos dejarnos llevar por las apariencias o por el engaño de lo que ven nuestros ojos. Dios no mira las cosas como nosotros las miramos. Dios mira de diferente manera y tenemos que aprender a verlo así.

III. Para que los abraces con seguridad

Una vez que se aclara ante nosotros lo que está sucediendo y entendemos que la realidad de Dios es muy distinta a la nuestra, podemos abrazar sus planes. Abrazarlos con absoluta seguridad de quienes somos y de quién es él.

Con esta explicación Cristo despejó toda duda sobre quién era Juan. Cuando dijo: él es aquel Elías que había de venir quería dar a entender que Juan fue anunciado, vino al mundo y cumplió con el propósito de Dios dentro del plan de Salvación.

Muchos podían no entenderlo, pero eso era justo lo que Dios había preparado para él.

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