Espíritu y vida

La Biblia dice en Juan 6: 63 El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida.

Las palabras que Cristo dirigió a sus seguidores y a quienes le quisieron escucharon tuvieron y tienen dos características: son espíritu y son vida dos términos muy familiares para los hebreos porque eran una reminiscencia o recuerdo de cómo fue creado Adán en los orígenes de este mundo.  

Entonces Jehová Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente, dice el libro de Génesis 2: 7 cuando establece la manera en que Dios formó al ser humano y su constitución material e inmaterial. Lo relevante del hombre esta en su interior porque su exterior es finalmente barro.

Por eso las palabras de Cristo atienden directamente esa necesidad interna que tienen las personas. Todas sus expresiones van dirigidas soplar su aliento y de esa forma darle vida a cada ser humano que las oye y las atiende por más duras que resulten en ocasiones, sobre todo cuando señalan nuestros yerros y equivocaciones.

Jesús quería y quiere que sus seguidores se afiancen en su bendita palabra porque solo a través de ella podrán vivir la vida que Dios diseñó para Adán cuando lo puso en el huerto de Edén. Una vida plena y realizada a pesar de cualquier adversidad que se presente en su devenir por este mundo.

Sus palabras son espíritu y son vida y para comprenderlas uno debe prestar mucha atención porque se requiere fe y sencillez para reconocer que en cada una de sus expresiones, en cada una de sus historias que contó para enseñarnos a confiar en su persona hay un interés porque el hombre se llene de vitalidad, la vitalidad que viene del cielo.

Los discursos de Cristo se abrieron paso entre discusiones interminables de escribas, fariseos, intérpretes de la ley que diseñaron una serie de enseñanzas que en lugar de dar vida solo produjeron cosas que no aprovechaban para dar al alma del ser humano sentido a su existencia.

Cada vez que nosotros regresamos a la palabra de Dios lo que nos encontramos es justamente espíritu y vida. La Escritura no es un libro común. Transpira vida. No se trata de un libro común, sino de la misma expresión de la voluntad de Dios para que podamos tener vida para siempre.

Volvamos tras su revelación que allí encontraremos aliento para vivir de acuerdo a sus demandas que de ningún modo son gravosas.

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