Eclesiastés: El hombre descubre la caprichosa voluntad popular

La Biblia dice en Eclesiastés 4: 13-16

13 Mejor es el muchacho pobre y sabio, que el rey viejo y necio que no admite consejos; 14 porque de la cárcel salió para reinar, aunque en su reino nació pobre. 15 Vi a todos los que viven debajo del sol caminando con el muchacho sucesor, que estará en lugar de aquél. 16 No tenía fin la muchedumbre del pueblo que le seguía; sin embargo, los que vengan después tampoco estarán contentos de él. Y esto es también vanidad y aflicción de espíritu.

Introducción

Salomón observó la forma de gobernar y gobernase entre los hombres. Sin ser un tratado de política o formas de gobierno, el Eclesiastés se acerca a una de las más grandes rarezas que ha habido y hay en todas las sociedades desde que el hombre se agrupó para vivir en este mundo: la manera de dirigir un reino, estado o gobierno.

El rey sabio de Israel descubrió que también eso es vanidad y aflicción de espíritu porque la popularidad con que un gobernante llegó a su cargo puede desvanecerse provocada por los mismos que lo encumbraron o por otros. El ánimo social es abordado por Salomón para mostrarnos que en esta vida todo es pasajero, incluso la popularidad.

A este tema algunos sociólogos le han llamado humor social que es una forma natural en la que las personas de un colectivo o una sociedad valoran si un gobierno o gobernante están conduciendo bien sus acciones.

Para hablar de ello, Salomón cita un ejemplo que podemos encontrar fácilmente en nuestros días: un joven pobre, pero sabio que frente a un rey anciano necio que no admite consejos que logra la hazaña de llegar al poder seguido por muchísimas personas que ven en él a un héroe y una esperanza para el pueblo.

Sin embargo, tiempo después este joven deja de ser visto como una respuesta a las necesidades que tiene el pueblo y vuelve a enfrentar la misma oposición que enfrentó a quien derrotó con su juventud y sabiduría. Para el autor del Eclesiastés esto es vanidad y aflicción de espíritu.

Salomón nos conduce así al tema del ánimo social, el pueblo, las mayorías o la voluntad social para señalarnos claramente que su expresión es sumamente voluble, inconstante, érratica y a veces hasta contradictoria porque puede convertir a alguien en un héroe y amarlo hasta el delirio y luego despreciarlo con la misma intensidad.

El autor del libro que estamos estudiando se fijó muy bien en la conducta individual de los hombres, pero también en la manera en que se comportan las personas en colectividad y se dio cuenta como se pueden pasar con gran facilidad del reconocimiento y encumbramiento de un gobernante a su rechazo y defenestración.

El autor no pretende involucrarse en el tema de la política o sistemas de gobierno, ni tampoco llevarnos por esa senda, su intención sigue siendo la misma desde el inicio de su libro: hacernos ver que en esta vida muchas cosas son vanidad, es decir ilusión o tratar de atrapar el viento con una mano y también son sin sentido o aflicción de espíritu.

Lo hace para que seamos sumamente cuidadosos a la hora de tratar de involucrarnos en la voluntad popular porque suele ser caprichosa o suele dejarse llevar por opiniones muchas veces equivocadas y de la noche a la mañana puede enemistarse con quien juró lealtad o apoyo en cualquier circunstancia. Y para ello nos presenta un ejemplo.

El hombre se debate entre lo vano y lo eterno

Cuando descubre la caprichosa voluntad popular

I. Que instala como gobernante a un joven sabio
II. Que desecha como gobernante a un anciano necio
III. Que luego desconoce al joven sabio

I. Que instala como gobernante a un joven sabio

En 1927 el filósofo español José Ortega y Gasset acuñó el término efebocracia para referirse al gobierno o tiranía de los jóvenes gobernantes. En esos tiempos se venía como cascada la llegada al poder de jóvenes. Con todas las implicaciones que esto conllevaba. 

La historia del mundo esta repleta de ejemplo como el que Salomón nos comparte. Jóvenes con una lucidez impresionante que combinan dos atractivos irresistibles para la gente: juventud y conocimiento. A lo largo de la historia hemos visto que este tipo de personajes son muy atractivos.

Salomón escribió el libro de Eclesiastés hace unos tres mil años, sin medios de comunicación masivos. Si desde aquella época este fenómeno social ya se presentaba, hoy en día se ha acentuado más porque la tecnología ha hecho posible conectar a casi todo el mundo para difundir mensajes y personajes.

A la gente no le importa que ese muchacho sea pobre y que haya estado en la cárcel. Solo se fija en que es sabio y joven lo que Salomón no desmerece o juzga, al contrario sabe que un gobernante para dirigir a un pueblo debe tener fuerza no solo de voluntad, sino física y también debe contar con sabiduría o conocimiento.

La historia que el Eclesiastés nos está contando es la de alguien que merced a su empeño y a su conocimiento por supuesto venció toda clase de adversidades y de la prisión llegó al poder. Algunos quieren ver en este caso la historia de José, pero es complicado aceptarlo porque José dependió del Faraón.

II. Que desecha como gobernante a un anciano necio

El siguiente ejemplo que toma Salomón es el de un gobernante de edad avanzada pero necio y que no sabe oír consejos. Tres características sumamente interesantes porque se supone que en la tercera edad las personas han aprendido más sobre la vida y por experiencia son un poco más sabios que los demás.

Pero llegar a esa edad con necedad sí que es una tragedia. Porque la necedad es la expresión de la insensatez y la manifestación de una conducta tonta y sin sentido que en un gobernante puede resultar sumamente dolorosa para el pueblo al que gobierna porque será voluntarioso a la hora de tomar decisiones que involucran a miles de seres inocentes.

La historia está plagada de gobernantes que abandonaron el poder hasta que su edad se convirtió en un impedimento para bien dirigir a sus países. Lo que Salomón vio y nos comparte es una verdad comprobada por el devenir histórico de la humanidad sobre este mundo.

En la ciencia política existe el término gerontocracia para hablar del gobierno de los más ancianos o los ancianos. Surgió para explicar una manera en que los pueblos de la antigüedad fueron dirigidos, sobresaliendo Roma que dio origen al senado, donde las personas de la tercera edad o ancianos ocupaban un puesto basado en su edad.

III. Que desconoce al joven sabio

Estamos frente a un fenómeno sumamente interesante que el Predicador nos comparte para enseñarnos varias cosas, la primera es que confiar en la voluntad popular o las emociones colectivas y la segunda advertirnos seriamente que el cambio en el humor social es tan variable como un niño que cambia de parecer de un momento a otro.

Los versos quince y dieciséis dicen de la siguiente manera:

15 Vi a todos los que viven debajo del sol caminando con el muchacho sucesor, que estará en lugar de aquél. 16 No tenía fin la muchedumbre del pueblo que le seguía; sin embargo, los que vengan después tampoco estarán contentos de él.

Salomón dice que el héroe de hoy será el villano de mañana. Que la voluntad popular que hizo gobernante a un joven pobre, que salió de la cárcel con sabiduría es momentánea y que tarde o temprano a ese mismo que vitorearon, posteriormente será repudiado por las siguientes generaciones.

Tenemos muchos ejemplos de esto que plantea Salomón. Algunos: Cuba con los Castro. Chile con Augusto Pinochet. México con Porfirio Díaz. Y un infinidad de etcéteras.

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