La vida y el vivir son de Dios

La Biblia dice en Jeremías 10: 23 Conozco, oh Jehová, que el hombre no es señor de su camino, ni del hombre que camina es el ordenar sus pasos.

Jeremías nos regala una hermosa reflexión sobre lo que representa la vida del ser humano en este mundo. El profeta enviado a declarar la palabra desde que era un jovencito dice con toda claridad ni el camino, ni el caminar son propiedades del hombre. En otras palabras ni la vida, ni el vivir según las demandas de Dios son prerrogativas del hombre o la mujer.

No somos dueños de la vida como muchas veces creemos. No somos propietarios de ella porque llegamos a este mundo por la pura voluntad de Dios. No hicimos absolutamente nada. No tenemos ningún mérito para haber llegado a este mundo porque esa es una determinación divina.

Jeremías le hablaba así a una nación que llegó a creer firmemente que podían separar su vida de Dios. Y nos habla ahora para recordarnos que estamos intrínsecamente unidos al Creador porque él nos formó y luego sopló aliento de vida en nosotros. Somos criaturas suyas, indefensas y necesitadas siempre de su auxilio.

No está en nosotros tampoco el ordenar nuestros pasos al vivir o caminar, según refiere Jeremías. No. En realidad somos incapaces de vivir por nosotros mismos de acuerdo al plan que Dios diseñó para cada uno de nosotros a fin de cumplir el propósito que tenemos asignado en esta vida.

Jeremías se convenció de estas dos verdades al observar la vida de sus compatriotas tan lejos de Dios y tan cerca del pecado. La contradicción en sus vidas era tan evidente que el profeta les dijo que lo habían dejado al Señor, manantial de aguas vivas y habían excavado cisternas, cisternas rotas que no retenían agua.

Los seres humanos necesitamos a Dios como la tierra seca requiere del agua del cielo para producir. Una vez que encontramos a Dios o más bien que el Señor nos encuentra tenemos como desafío caminar de acuerdo a su voluntad que una y otra vez nos repite que no es gravosa para nadie.

Con este verso Jeremías nos recuerda que debemos recordar siempre que la vida es un don de Dios y que para vivirla necesitamos su dirección. Que no podemos vivir sin el Creador porque sería tanto como intentar vivir sin oxigeno en esta vida.

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