Hacer el bien

La Biblia dice en Génesis 40: 23 Y el jefe de los coperos no se acordó de José, sino que le olvidó.

José quería salir de la cárcel y de Egipto para regresar con su padre Jacob. Estaba en una prisión egipcia injustamente y cuando interpretó los sueños del panadero y del copero del Faraón, señalando claramente que el primero moriría y que el segundo sería reinstalado en su empleo en la casa real, le pidió a éste que le ayudara a salir de allí.

José puso toda su confianza en este hombre al que le indicó que cuando se viera libre de la prisión lo auxiliará para recuperar su libertad que le fue arrebatada injustamente, pero este hombre, como muchos, olvidó rápidamente a quien con su don de  interpretación de sueños le advirtió lo que sucedería.

El verso que hoy meditamos nos ayuda a pensar en dos cuestiones: la primera, que los seres humanos tenemos mucho de ingratitud. Los favores los olvidamos fácilmente, pero las afrentas las conservamos vivamente que somos capaces de recordar día y hora de un agravio, pero más rápido que una liebre por el campo, desterramos todo bien recibido.

La segunda idea que nos viene al leer este verso es que esperar en los hombres puede ser sumamente frustrante. Confiar al cien por ciento en las personas suele llevarnos a la decepción porque muchas veces se comportan sin razón y sentido común, convirtiéndose en seres sin la más mínima compasión.

A nuestra vida han de llegar muchas personas como el copero de Faraón. Debemos estar listos para identificarlos y saber que al hacerles un bien, no necesariamente lo devolverán de igual manera y entonces debemos reconfortarnos en Dios para no desilusionarnos con esa clase de hombres y mujeres.

Jamás debemos apostar hacer el bien esperando que sean las personas quienes nos lo devolverán. Hacer el bien debe ser porque amamos a Dios y él será siempre el encargado de recompensarnos a su manera, en su tiempo, y sobre todo, sobreabundantemente porque Dios es un Dios bueno.

Cristo nos enseñó que visitar a un enfermo, que ayudar al necesitado, que hacer por los presos y dar de comer al hambriento nunca dejará de tener su premio. Hasta un vaso de agua que se le dé a alguien será recompensado.

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