Riqueza que no entristece

La Biblia dice en Proverbios 10: 22 La bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella.

Que difícil es para el creyente identificar una bendición que proviene de Dios. En la vida ocurren muchos bienes a justos e injustos. De hecho en ocasiones parece que le ocurren más bienes a los malvados que los piadosos. Esa es una de las razones por las que en muchas ocasiones perdemos la perspectiva de lo que significa que somos bendecidos por Dios.

Salomón escribe este proverbio para ayudarnos a identificar cuando una bendición proviene de Dios y cuando no. Lo hace para hacernos ver que podemos estar equivocados a la hora de saber si los bienes que llegan a nuestra vida o a la vida de otras personas proceden de Dios o son el resultado de ciertas circunstancias que jugaron a nuestro favor.

La bendición de Dios está claramente asociada a las riquezas en este proverbio, es decir una persona bendecida por Dios alcanza bienes. Pero alguien puede objetar: hay personas que sin tener a Dios en cuenta poseen más dinero que los piados y esa es una verdad muy cierta. Hay potentados que aún a pesar de darle la espalda a Dios tienen mucho dinero.

Entonces, qué es lo que está planteando Salomón en este proverbio. Lo que está diciendo es que una manera de saber si la bendición material de una persona es el resultado de la intervención divina en su vida para bien y la única manera de conocerla es a través del resultado que traigan a su vida los tesoros que obtiene.

Salomón dice que la bendición del Señor no trae aparejada tristeza. Lo que implica que hay bienes materiales que en lugar de traer dicha y alegría a la vida de las personas traen un inmenso infortunio. Nosotros tenemos una idea equivocada de quienes tienen mucho dinero: pensamos que son inmensamente felices, pero la realidad es otra.

El dinero solo trae alegría cuando es el resultado de la bendición de Dios, porque entonces Dios le da la facultad al poseedor de disfrutar plenamente el resultado de su arduo trabajo, mientras que aquella que nace del esfuerzo humano o nace como resultado de la corrupción o el robo o, en pocas palabras, de la maldad, trae consigo dolor y desencanto.

Salomón fue un hombre extremadamente rico. Él sabía perfectamente que su riqueza provenía de Dios. Cuando ascendió como rey, Dios le dio sabiduría y le dijo que le daría también riquezas. Sabía perfectamente de lo que hablaba. Por eso escribió en el salmo 127: 2 “por demás es que se levanten de madrugada, y vayan tarde a reposar, y que coman pan de dolores; pues a su amado dará Dios el sueño”.

Disfrutar lo mucho o poco que tenemos es una gran bendición divina. De hecho, saberte bendecido por Dios, trae una gran alegría, independientemente si tienes o no riquezas.

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