Aptos para el reino de Dios

La Biblia dice en Lucas 9: 62 Y Jesús le dijo: Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios.

Jesús usó ejemplos muy sencillos para clarificar su mensaje. La sencillez de su enseñanza para nada significó devaluar la profundidad de sus palabras. Al contrario puso al alcance de todos sus interlocutores un concepto novedoso para todos ellos: el reino de los cielos, que había llegado con la presencia de Jesús a la tierra.

Para hacerles ver la relevancia de ese reino y el gran compromiso que requería para formar parte de él, utilizó el ejemplo de quienes se dedicaban a la actividades agrícolas y araban con yuntas para hacer producir la tierra, una escena cotidiana en esos tiempos en todo Israel y por supuesto conocida por todos.

Arar o sembrar usando como instrumento animales de carga obligaba al campesino a mirar hacia adelante a fin de dirigirlos de tal manera que fueran en la dirección correcta y no zigzaguearan. Mirar hacia atrás sería caótico porque se descuidaría totalmente lo que pasaba al frente.

Para esta actividad se requería mano de obra calificada. Se demandaba esa clase de personas que tuvieran la capacidad o aptitud de hacer este tipo de labor. Jornaleros que no se distrajeran, obreros que fueran lo suficientemente responsables para cumplir con su labor de manera correcta.

Ese ejemplo lo usó para mostrar la importancia de ser muy cuidadosos cuando hemos decidido pertenecer al reino de los cielos. Es un gran privilegio formar parte de su reino porque cuando lo buscamos todas las demás cosas -casa, vestido y sustento- vienen por añadidura.

Así como un campesino que araba para hacerlo bien tenía que poner atención, así los hijos de Dios deben tener precaución constantemente para no mirar hacia atrás a fin de evitar un desastre en el frente. Cristo llama a esta esta característica: tener aptitud y evitar a toda costa la ineptitud.

El reino de los cielos es exigente, demandante, pero de igual trae consigo grandes bendiciones a la vida de quienes desean caminarlo o atraerlo a su existencia que cualquier esfuerzo vale la pena porque es el preámbulo de lo que hemos de disfrutar en la vida eterna: reinar con Cristo para siempre.

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