En la casa de Dios para adorarle

La Biblia dice en Salmos 5: 7 Mas yo por la abundancia de tu misericordia entraré en tu casa; adoraré hacia tu santo templo en tu temor.

El salmo cinco es una plegaria de clamor suplicando a Dios que escuche las oraciones y ruegos de un atribulado hombre que vive desesperado por la maldad de los hombres que lo acechan para dañarlo utilizando amenazas, maledicencias y toda clase de improperios como si su garganta fuera un sepulcro abierto.

Frente a tal situación el anhelo y deseo del salmista es entrar en la casa de Dios y adorar en el santo templo del Señor, dos cosas que parecen ser idénticas, pero en realidad son completamente distintas. Lo primero es poder ingresar a su casa, un hecho que se cumple cuando sale del hogar y se trasladaba hacia el edificio construido para reunir a su pueblo.

Pero el segundo implica que una vez estando en ese lugar pudiera adorar, es decir, se pudiera concentrar para bendecir el nombre del Señor, un acto que exige calma, tranquilidad y una condición especial para poder entrar en la presencia de Dios sin iniquidad, sin pecado y sin maldad.

Entrar en la casa del Señor es, para el autor del salmo, una concesión divina nacida de la misericordia. Al lugar de adoración podemos llegar solo por la bondad de Dios, no por nuestros méritos, ni por nuestras grandes capacidades, sino por la bendita compasión del Eterno.

Y ya ingresados en el templo del Señor se adora al Creador, una adoración basada en el temor. La palabra temor no tiene la connotación de pavor o pánico, sino la de algo que se hace con cuidado o precaución porque se está ante una persona con gran poder y grandeza que merece toda clase de consideraciones y cuidados.

Llegar a la presencia de Dios para el salmista es la gran oportunidad de hacer frente a todos los que se levantan contra él. Ante nuestros detractores y conspiradores la única alternativa es buscar la presencia de Dios. Qué bendición saber que al llegar a su casa se ha manifestado con nosotros su misericordia. Llegas al templo del Señor por su bondad. Qué gran amor.

Adorar a Dios es la razón principal de nuestra existencia y por eso debemos hacerlo siempre con todo cuidado y con toda respeto porque estamos ante el Creador del universo, quien con una sola palabra puede cambiar de un momento a otro cualquier circunstancia por más compleja que parezca, como la de tener adversarios que buscan nuestro mal.

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