La Biblia dice en Proverbios 23:9

No hables a oídos del necio, porque menospreciará la prudencia de tus razones.

Introducción 

Los sabios de Israel nos piden que no hablemos a los oídos del necio, una forma para decir o establecer que no debemos darles un consejo. ¿Quiénes son los necios para que se nos ordene no darles una recomendación, advertencia, indicación, orientación, explicación, exhortación o sugerencia?

El libro de Proverbios está poblado de citas sobre esta clase de personas porque ese libro está escrito para evitar ser como ellos y en cambio buscar a toda costa ser sensatos, prudentes y sabios, lo que absolutamente no son ni quieren ser los necios, que además se regodean en su condición. 

El necio es un personaje carente de sabiduría, no porque la sabiduría sea inaccesible para él, sino porque la rechaza, no quiere recibirla, es más disfruta su condición de necio y por eso lo mismo se le llama insensato que persona con falta de cordura o que carece de entendimiento. 

Una gente así es tan lamentable su condición que provoca la tristeza de sus progenitores, según descubrimos en Proverbios 10:1, 17: 21, 23: 15 y 27: 11 porque su conducta es contraria a los buenos hábitos o las buenas costumbres ya que no mide sus palabras y puede provocar violencia por ello. 10: 10.

Difunde calumnias 10: 18, es imprudente 18: 2, es entrometido 14: 16, es iracundo 12: 16 y es tan extraviado que piensa que su forma de vivir es la correcta, que no necesita cambiar nada porque todo esta bien y ordenado en su existencia 12: 15. 

El necio es, entonces, un ser que vive sin ninguna clase de límites, sin conciencia de su lamentable condición, sin un rumbo fijo o propósito de vida porque no le interesa ni le importa. El necio vive su día a día esperando que las cosas pasen y viviendo siempre bajo sus propios estándares. 

Es a esta clase de personas a las que los sabios de Israel nos piden no asesorarlos o darles lecciones para que modifiquen su vida. 

30 desafíos éticos dichos por los sabios

El desafío de reservar tus consejos

A. Para evitar el desprecio

B. Para evitar la frustración

C. Para evitar el enojo

La razón para no amonestar a un necio es que sencillamente no sabe ni puede escuchar las razones prudentes que se le pongan aunque sean evidentes, le sirva para evitar una catástrofe o le ayuden a cambiar un aspecto de su vida que pone en riesgo su existencia o le permitan crecer como persona.

La realidad es que es incapaz de atender una orientación porque ni la quiere ni la requiere, más bien está a gusto así. El insensato parece vacunado contra la razón y la prudencia y todo lo que tenga que ver con el sentido común le repele y entonces la persona que lo trata de guiar recibe un balde agua fría cuando lo aconseja.

A. Para evitar el desprecio

La versión de la Biblia al lenguaje actual traduce el verso que hoy meditamos de la siguiente manera: “No des buenos consejos a los tontos porque se burlarán de ti”. Cuando alguien intenta exhortar o llamar la atención a un necio corre el grave riesgo no solo de no ser escuchado, sino ser burlado. 

Es sumamente penoso acercarte a una persona que a todas luces está cometiendo una barbaridad y decirle que deje de hacerlo porque en lugar de atender a las palabras de la persona que se preocupó por ella, lo que hará será reírse o burlarse de las palabras de quien trata de corregirlo. 

Este llamado de atención a los prudentes de reservarse sus consejos ante esta clase de personas nos conduce al llamado que Jesús les hace a sus seguidores en Mateo 7: 6 que dice: 

“No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.”

Se corre un grave riesgo cuando procuramos o consideramos que una persona necesita una guía y nos plantamos frente a ella con la mejor de las actitudes o con la mejor de las exhortaciones. Es claro que no hará caso, tal vez ni siquiera nos escuché y salga molesto por haberlo interrumpido. 

El texto que hoy meditamos dice que un sabio tiene razones prudentes y que estas son incompatibles con el necio. Eso quiere decir que no todas las personas les gusta vivir apegados a la sensatez. 

B. Para evitar la frustración

Cuando vemos a una persona que necesita orientación pensamos que aceptara nuestras palabras cuando les hablemos, pero la realidad es que eso no sucedera con una persona necia y si vamos con ella a presentarle nuestros mejores consejos terminaremos frustrados porque no nos hará caso. 

Dios quiere evitarnos el desencanto de decirle a alguien lo que tiene que hacer y en lugar de hacerlo se burla de nosotros. Es muy cierto que cuando tratamos de ayudar a alguien y no atiende lo que decimos nos desilusionamos grandemente y para evitar eso debemos de abstenernos.

Nos desalienta cuando vemos a conocidos nuestros, familiares, vecinos o con quienes tenemos una relación por breve que sea en una situación que es fácil de corregir y acudimos a ellos para decirles que su situación se puede resolver siempre y cuando pongan atención o sean más cuidadosos, pero no nos oyen. 

Evitemos la frustración, reservemos nuestro consejos para aquellas personas que en realidad lo necesiten y requieran y tengan el ánimo y el entusiamo para ponerlos por obra, aun cuando sean particularmente complicados porque impliquen dejar una actitud o deshacerse de un mal hábito. 

C. Para evitar enojarse

No des un consejo a quien no te lo ha pedido y a quien no hará nada por más que le digas o lo orientes. De esa forma evitarás enojarte con esa persona y contigo mismo por haber desperdiciado miserablemente tu tiempo. Atender los desafíos éticos de los sabios de Israel no ahorrará dolores de cabeza y enfados.

Uno guardará su paz si atiende al sabio consejo de no acercarse al oído del necio para darle un consejo. Porque Proverbios 1:7 dice así: Respetar al Señor es el principio del saber, pero los necios desprecian la sabiduría y la educación. Biblia Hispanoamericana. 

La Biblia traducción al lenguaje actual lo traduce así: “Todo el que quiere ser sabio debe empezar por obedecer a Dios. Pero la gente ignorante no quiere ser corregida ni llegar a ser sabia.”

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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