La Biblia dice en Salmos 79: 10
Por qué dirán las gentes: ¿Dónde está su Dios?
El salmos setenta y nueve fue escrito por Asaf, uno de los líderes de alabanza y adoración que David instaló para que el tabernáculo contará con servicios acompañados de música sagrada y en su canto suplica la intervención divina ante la devastadora y destructiva presencia de paganos en la tierra santa.
La pregunta de las gentes, una expresión que procede del hebreo “hagoim” de donde se desprende el vocablo “goim” que se traduce como paganos o idólatras, fue irreverente e irrespetuosa: ¿dónde está su Dios? como si el Señor no estuviera presente en medio de su pueblo, aun cuando la pasaban mal.
Y vaya que la estaban pasando mal, según el retrato que Asaf hace en este salmo: profanaron su santo templo, derramaron sangre como agua en los alrededores de Jerusalén y humillaron severamente a los judíos, toda una situación incomprensible para el salmista.
Por ello, apela a la intervención de Dios en la historia del pueblo hebreo, le pide a Dios que se apresure a castigar a quienes los abatieron de una forma tal que parecían sentenciados a muerte sin esperanza y aguardando únicamente el día en que partirían de este mundo.
El pecado y la maldad los había llevado a esa condición y por eso Asaf le pide perdón a Dios por su heredad y entre esas peticiones le desliza que los paganos no tienen derecho a cuestionar la presencia de Dios entre ellos. Apela a la naturaleza compasiva del Señor utilizando un recurso de quien está completamente desesperado.
Dios nunca desaparece, Dios siempre está presente, el Señor es fiel y jamás abandona a quien ha prometido estar con él. Los paganos no tiene razón alguna para cuestionar por su localización o ubicación. Las circunstancias parecían poner en entredicho la presencia del Señor.
Pero esa es una de las burlas más grandes que los creyentes padecen cuando las cosas salen mal, cuando la calamidad y desgracia se asienta en sus vidas y por eso Asaf apela a ese escarnio para pedirle a Dios que reprenda a los paganos que ponen en entredicho su permanente presencia entre su pueblo.




