La Biblia dice en 1ª Pedro 5:6

“Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte a su debido tiempo.”

La frase “debido tiempo” es usada en varias ocasiones en el Nuevo Testamento. La usa Pablo en 2ª Tesalonicenses 2: 6 para expresar que el hombre de perdición se presentará “a su debido tiempo”. También la emplea en 1ª Timoteo 2: 6 y Tito 1: 3 para decir que la predicación del mensaje de salvación ocurrió “a su debido tiempo”.

Pedro la emplea para decir que una vez que nos hayamos humillado bajo la poderosa mano de Dios, es decir, luego de habernos despojado de todo orgullo, altivez y soberbia ante el Creador vendrá la exaltación que ocurrirá “a su debido tiempo”.

Podemos decir, entonces, con toda seguridad que los sucesos en la historia de la humanidad y en la vida personal están marcados por Dios, que hace y dejar de hacer conforme a sus eternos propósitos y que de acuerdo a su soberanía actúa en determinados momentos para que las personas alcancen propósitos, objetivos, metas y proyectos.

La palabra tiempo que usa en los cuatro versos que he citado en esta reflexión tiene como característica común que procede de la palabra griega “kairos” para la expresión tiempo. Esa palabra tiene la idea de un momento oportuno o como en México solemos decir: en su oportunidad.

Dios se abroga a sí mismo, entonces, la facultad de actuar en la hora, el día, el mes y el año que juzgue conveniente para hacer, cambiar, modificar, transformar o mutar una circunstancia o situación que a nuestro juicio parece inconmovible. Pedro nos dice que el paso a la exaltación sucederá “a su debido tiempo”.

Dios exalta, eleva, levanta, alza y reconoce a sus hijos con bendiciones que los llenan de gozo y alegría, pero eso sucede cuando él así lo considera oportuno, cuando él decide que ha llegado el momento de que la humillación vivida sea hecha a un lado y se deje libre el paso al reconocimiento.

Podemos afirmar sin temor que hay un tiempo de Dios y un tiempo de los hombres. Entre ambos media la paciencia y la fe. La fe es no solo la confianza en Dios, sino también fidelidad para hacernos de certeza a la hora de esperar lo que Dios dijo que va a hacer porque por supuesto que lo hará.

Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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