La Biblia dice en Mateo 9: 34

“Pero los fariseos decían: “Es el propio jefe de los demonios quien le ha dado a éste el poder de expulsarlos.”

La oposición a Jesús escaló niveles insospechados de parte de los fariseos que vieron un gran riesgo a sus intereses con la predicación de ese desconocido varón, del que sabían muy pocas cosas y equivocadas: lo llamaban Jesús de Nazaret y lo asociaban a Galilea, aunque era un avecindado de esa región porque en realidad había nacido en Belén de Judea. 

Su sencilla predicación ponía en peligro su sistema religioso basado exclusivamente en una relación fundada en obras y poniendo el acento en lo externo, lo público, sin importar lo que sucedía en lo interno, en lo privado, en otras palabras, lo que ocurría en el corazón de cada persona que se decía farisea. 

Fue tal su miedo a Jesús que inventaron toda clase de mentiras para acusarlo falsamente, aun cuando se saliera de toda lógica lo que afirmaba sobre aquel sencillo maestro, que recorría Israel enseñando y sanando a su pueblo como parte de un plan divino para mostrar a su nación la manera de acercarse a Dios. 

Sus señalamientos fueron desproporcionados que llegaron a decir que la expulsión de demonios en realidad ocurría porque Jesús estaba subordinado al diablo, lo que constituía una afirmación sin el menor sustento o rigor espiritual, pero estaban decididos a buscar una falta que llegaron al colmo con expresiones exageradamente distantes de la realidad. 

Estaban completamente decididos a no creer en Jesús. Habían asumido una posición anticipada a cualquier expresión o enseñanza de Jesús. Ellos no querían creer y finalmente no creyeron, pero en el camino a esa posición acusaron una y otra vez a Jesús de faltas que solo existieron en su mente. 

Su actitud nos muestra lo peligroso que puede resultar asumir una posición sin aprender a escuchar antes de llegar a una conclusión, nos demuestra que las posiciones irreductibles nos llevan a tomar actitudes completamente equivocadas y absurdas solo porque no nos gusta lo que se dice o se hace. 

Jesús fue acusado con afirmaciones insostenibles, ni qué pensar sobre lo que nos sucederá a nosotros. Si de él dijeron barbaridades, nosotros no podemos esperar algo diferente. Seremos calumniados, injuriados y maltratados, pero eso no nos debe desanimar nunca.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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