La Biblia dice en Isaías 6:3

“Y se decían el uno al otro: Santo, santo, santo es el Señor todopoderoso; toda la tierra está llena de su gloria.”

Isaías tuvo una visión impactante sobre el trono del Señor y lo que ocurre alrededor de ese lugar lleno de santidad, con una absoluta exhibición del poder de Dios que irriga su gloria por toda la tierra, de tal manera que ningún ser humano puede estar de pie ante la presencia majestuosa del Creador.

Gracias a la profecía de este varón santo de Dios podemos atisbar el trono del Señor y también podemos saber que hay serafines, ángeles de un rango superior a los arcángeles y angeles que resguardan ese espacio y declaran de día y de noche, sin cesar, que Dios es inmensamente puro.

Muchos autores de la Escritura, como el apóstol Juan y el propio Pablo, en sus escritos nos hablan de ese lugar con solvencia y haciendo más comprensible la naturaleza del Señor, su esencia y sobre todo su enorme capacidad para hacer su voluntad y minar de un tajo los vanos pensamientos humanos.

El profeta Isaías nos ha dejado una descripción deslumbrante de lo que hacen los serafines en el trono del Señor para mostrarnos la clase de Dios que nosotros seguimos y adoramos, pero también para animarnos a imitarlos en la adoración que le brindan al Señor en el cielo con todo su ser.

En primer lugar los seres angélicales repiten que Dios es santo. Isaías había quedado impactado con lo que había sucedido con el rey Uzías, quien entró al templo a intentar ofrecer incienso, lo que estaba prohibido para él y fue castigado con lepra, enfermedad de la que murió. Eso dejó consternado a Isaías que lo menciona al principio de su visión.

Adoramos a Dios por lo que él es. Al resaltar su santidad los ángeles nos hacen pensar sobre su naturaleza limpia, su condición pura y su rechazo absoluto a toda clase de maldad e impureza. Dios habita en medio de condiciones distintas a las que vivimos en este mundo y eso nos debe hacer esforzados para vivir de acuerdo a esa condición divina.

Lo segundo que nos enseña la visión del profeta es que la adoración a Dios es constante, permanente, ininterrumpida. Nos ánima o impulsa a imitarlos y adorar a Dios en todo tiempo porque él es digno de esa clase de exaltación, pues nadie ni nada es como él en grandeza y poder. Su gloria llena la tierra, dice el vidente de Dios.

Adoramos en todo tiempo al Creador por lo que es y también por lo que hace, ya que todo lo que hace nace de un corazón puro ya que en él no hay maldad.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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