La Biblia dice en Salmos 75:9

“Pero yo siempre anunciaré y cantaré alabanzas al Dios de Jacob.”

Hacer esta clase de compromiso requiere despojarnos del emocionalismo que suele embargarnos muy a menudo a los seres humanos y también demanda saber que uno esta decidiendo no hacerle caso a nuestros sentimientos y en ocasiones hasta a nuestra razón porque lo que hace Dios a veces es tan desconcertante que nos deja boquiabiertos y paralizados.

El salmo setenta y cinco es un salmo compuesto por un hombre llamado Asaf. Él ivió en los días del rey David quien fue precisamente quien lo puso al frente de uno de los grupos que se encargarían de alabar a Dios por siempre en el tabernáculo de Jerusalén donde reposaba el arca del pacto.

Como músico y compositor de salmos, el levita escogido por David para encabezar un grupo de cantores le tocó ver y enfrentar muchas cosas. En el salmo setenta y tres nos comparte su experiencia cuando se atrevió a mirar a los malvados y tuvo mucha envidia de ellos de tal manera que estuvo a punto de tropezar y dejar de alabar a Dios.

Pero logró sobreponerse y no cayó para seguir alabando a Dios porque era un compromiso de vida que había asumido plena y conscientemente cuando David lo puso al frente de uno de los grupos que cantaba en la casa del Señor y allí siguió hasta que la muerte lo sorprendió, pero sus hijos siguieron con su labor.

Comprometerse con anunciar y cantar alabanzas a Dios requiere más que buenas intenciones, exige una disciplina permanente y sobre todo un compromiso irrenunciable de no hacer caso a todas las dificultades que se presentarán en la vida de un adorador de tiempo completo.

La palabra “siempre” es una expresión fuerte. Decir estaré siempre, te amaré siempre, te ayudaré siempre y otras tantas expresiones implican la decisión de hacer lo que prometemos por encima de cualquier circunstancia y cualquier adversidad que llegue a nuestra vida.

Cuando le decimos a Dios que siempre le alabaremos, lo que en realidad le estamos diciendo es que no cambiaremos por nada nuestra adoración y exaltación a su nombre. Le estamos prometiendo que independientemente de cómo nos sintamos anímicamente, y aún físicamente, nosotros le seguiremos bendiciendo.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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