La Biblia dice en Lucas 1:30

“Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios.”

La Nueva Versión Internacional de la Biblia traduce este verso así: —No tengas miedo, María; Dios te ha concedido su favor —le dijo el ángel—. Vertido así podemos comprender mejor la naturaleza de las palabras que el ángel Gabriel le dirigió a María en Nazaret a donde fue enviado por Dios para hablar con la futura madre humana de Jesús.

La humanidad completa era inmerecedora de un trato afable por parte de Dios porque su rebeldía y obstinación la había llevado a darle la espalda a Dios y cometer toda clase de maldades, sin embargo Dios en su infinita bondad puso en marcha un plan para redimir de su grande extravío a todos los seres humanos.

Y para ello desplegó su gracia, su favor, su regalo, como se traduce la palabra “charis” en griego. Literalmente la expresión quiere decir inclinación, en otras palabras que alguien se ha inclinado para ponerse en el nivel de otra persona que no puede elevarse o levantarse. Y eso fue lo que Dios hizo con María y con todos nosotros en la persona de Jesús.

Dios se agachó para acercarse a nosotros. La encarnación de su Hijo es el ejemplo más palpable de esta verdad. Desde su concepción a través de María, sobre quien reposó de manera contundente su favor inmerecido hasta los que después hemos creído en Jesús su favor inmerecido y actitud condescendiente nos ha favorecido.

Recordar o celebrar el nacimiento de Jesús es una buena oportunidad para reflexionar que no éramos dignos de nada, pero su amor inmenso por la humanidad hizo posible que viniera a buscar todo lo que se había perdido y rescatarlo de una muerte eterna segura para llevarnos al Padre de nueva cuenta.

La actitud de Dios hacía María y hacia todos nosotros es una muestra que los seres humanos somos incapaces de salvarnos por nosotros mismos. Es una manifestación clara de que no podemos hacer nada por nosotros mismos cuando hablamos de la eternidad, solo Dios puede darnos la vida eterna en su presencia.

Y lo hace como un favor que no merecemos por nuestra inclinación maligna que nos separa de su voluntad y solo mediante la gracia de Cristo podemos ser salvos.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

Deja tu comentario