La Biblia dice en Hebreos 11:6

“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan.”

La fe agrada a Dios. La confianza total de sus hijos en su persona lo disfruta, se deleita cuando los que le buscan entregan toda su seguridad en su persona, sin reservas, sin ninguna clase de restricción y sin ninguna clase de límites porque de esa manera reconoce su ilimitado poder, su absoluto dominio y su control total sobre cualquier circunstancia.

El autor de la carta a los Hebreos les escribe a judíos del primer siglo que la están pasando muy mal porque luego de unos treinta años sus expectativas sobre Cristo las cosas no parecen ir saliendo como ellos lo proyectaban. Jerusalén seguía siendo el centro de la adoración judía, el templo concentraba a los israelitas como siempre.

La muerte y resurrección de Jesús no parecía haber alterado en nada la dinámica social y espiritual de Israel. Muchas interrogantes se agolpaban, entonces, en la vida de esos creyentes porque nada parecía haber cambiado con su fe y lo peor: nada auguraba que eso cambiaría en el futuro inmediato.

Y justamente a ellos, les escribe para recordarles que la fe agrada a Dios cuando se acepta su existencia, aunque la realidad y los sucesos en su entorno parecen negar la presencia gloriosa del Señor y también que es galardonador de quienes lo buscan y desean acercarse a él.

Y enseguida les enlista una serie de hombres que confiaron en Dios hasta las últimas consecuencias, les presenta a hombres y mujeres que agradaron a Dios con su confianza y que recibieron su premio. Lo hace para alentarlos y para mostrarles que en esta carrera no están solos.

Esos ejemplos que les pone suceden en tiempos de apostasía e incredulidad porque la fe para agradar a Dios ha de abrirse paso en medio de un mundo incrédulo, en medio de una sociedad materialista que niega al Señor de manera permanente y que, incluso, se burla de quienes creen en su persona.

En tiempo de una tremenda secularización conviene recordar que nuestra fe es la que agrada a Dios, que nuestra confianza en el Señor es la que hace que se deleite con nosotros y que esa seguridad en su persona es la que hace que nosotros podamos vivir de tal forma que seamos olor fragante a su persona.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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