La Biblia dice en Salmos 141: 8

“Por tanto, a ti, oh Jehová, Señor, miran mis ojos; en ti he confiado; no desampares mi alma.” 

La palabra alma procede del vocablo hebreo “nefesh” y sirve para designar la parte inmaterial del ser humano. La que da vida y sustento a la existencia humana y en consecuencia, la que habrá de rendir cuentas delante del Señor en el día del juicio final por lo que hizo o dejó de hacer ante el Señor. 

En el alma se asienta nuestra capacidad de adorar a Dios. De ella depende en gran medida nuestra comunión con el Creador, y de allí su importancia y relevancia porque dependiendo de su condición esa será, inversamente proporcional nuestra condición espiritual en este mundo tan lleno de maldades que tratan de seducirla. 

Por esa razón, David le pide a Dios con todo su corazón que no desampare su alma. David, el dulce cantor de Israel supo como ningún otro varón del Antiguo Testamento lo importante que era resguardar el alma, porque se puede contaminar con maldad y puede conducir al ser humano a la iniquidad. 

Una alma desamparada puede llevar a las personas a condiciones espirituales, y en consecuencia a condiciones físicas, sumamente tristes porque esa parte inmaterial es la que nos conecta con Dios y cuando no tiene vida, la existencia humana transcurre entre vicios y degradaciones. 

La única manera de cuidarla es encomendarla en manos del Señor porque nosotros somos incapaces de guardarla porque nuestros sentidos nos engañan y a veces nos conducimos extraviados de lo que debemos hacer para cuidarla y protegerla, por eso David implora a Dios que se la resguarde. 

Lo hace elevando sus ojos hacia su persona y con profunda confianza. Nadie más que el Creador que nos dio el alma para vivir puede velar por ella, pero para ello es indispensable que nosotros se lo pidamos y no confiemos en nosotros mismos en una tarea en la que hemos fracasado como seres humanos. 

En realidad lo más valioso que tenemos en esta vida es nuestra alma. Sin ella no existiríamos. Si se contamina o se deja arrastrar por los sentidos del cuerpo la vida se convierte en una lamentable experiencia donde la tristeza y zozobra habrán de llenar la vida de las personas.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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