La Biblia dice en Romanos 12: 9

“El amor sea sin fingimiento. Aborreced lo malo, seguid lo bueno.”

El Nuevo Testamento nos ofrece tres palabras en el griego para la expresión amor. La primera de ellas es eros. Eros es el amor sexual. La relación carnal entre un hombre y una mujer. La segunda de ellas es “fileos” que tiene que ver con la relación fraterna entre hermanos o hijos y padres. Y la tercera es “ágape” que es la clase de amor que Dios prodiga.

Esa es la clase de amor que Pablo espera de los creyentes en la iglesia. Su definición es retratada perfectamente en la primera carta a los Corintios 13: 4-6. 4 El amor es paciente y bondadoso. El amor no es celoso ni fanfarrón ni orgulloso 5 ni ofensivo. No exige que las cosas se hagan a su manera. No se irrita ni lleva un registro de las ofensas recibidas. 6 No se alegra de la injusticia sino que se alegra cuando la verdad triunfa.

Pablo le escribe a los Romanos para pedirles que eviten la simulación a la hora de expresar o manifestar el amor. La razón de esta solicitud o mandamiento es que las apariencias son detestables para Dios. El mira el corazón de todos y sabe perfectamente si amamos a las personas con sinceridad o solo estamos disimulando.

El apóstol sabe perfectamente que la capacidad de amar nace de Dios. Entre más cerca estemos del Creador la capacidad de amor será más notorio porque Dios es amor. Amar a nuestro semejante es inversamente proporcional a la cercanía que tengamos con el Señor. Lejos de él será dificil prácticar el ágape cristiano.

Por eso en este verso, luego de pedir que el amor sea sin fingimiento, de inmediato el autor de la carta nos pide que aborrzcamos lo malo. Si algo debemos odiar o no soportar es la maldad, no a nuestro prójimo, porque en la medida que detestemos la maldad y sigamos lo bueno estaremos muy próximos al Dios del cielo y de la tierra.

Hay, entonces, una correlación entre amar a los demás y estar cerca de Dios. La mejor manera de saber cuanta camaradería o amistad tenemos con Dios es cuanto amamos a quienes nos rodean. El apóstol Juan dice que si alguien dice que ama a Dios, pero aborrece a su hermano el tal es mentiroso.

Fingir que amamos es una triste muestra de la hipocresía a la que podemos llegar si vivimos distanciados de Dios, en cambio seremos portadores de un amor genuino si vivimos ligados y unidos a Dios, aborreciendo lo malo y siguiendo lo bueno.

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