La Biblia dice en Proverbios 19:8

“El que aprende y pone en práctica lo aprendido, se estima a sí mismo y prospera.”

El sabio Salomón fue un hombre inteligente cuya ciencia vino del cielo. Le pidió al Creador que lo hiciera sabio para dirigir a su pueblo, algo que muchos hacen o hacemos, pero a esta solicitud nacida de un corazón sincero y limpio, el monarca le agregó una absoluta y total disposición para inquirir, indagar, cuestionar, y como resultado aprender.

Para el rey Salomón aprender se convirtió en una necesidad. A falta de universidades o centros escolares, el hijo del rey David recurrió a la observación y la conversación con toda clase de personas que le permitían conocer y reconocer a otras mentes, algunas por supuesto valiosas y brillantes y de las cuales aprendía demasiado y otras, no tanto.

El autor de los Proverbios tuvo toda la voluntad para aprender. Decidió despojarse de la ignorancia y puso todo su entusiasmo para ser instruido y nos legó el verso que hoy meditamos donde nos deja la manera en que aprendió y las razones por las que decidió no quedarse sin saber.

En primer lugar, uno de los principios valiosos de su pedagogía es que dice que lo que se aprende hay que ponerlo por obra. En otras palabras el conocimiento teórico sencillamente no sirve para absolutamente nada. El conocimiento debe tener un aspecto práctico para impregnarse en la mente y corazón.

Se trata de un consejo muy acertado a la hora de sentarnos para aprender el tema o tópico que llega a nuestras manos por interés o por obligación. Pero claro que se puede ser instruido. Nadie queda excluido de esta actividad, salvo que así lo desee o que deteste aprender algo nuevo.

Hay dos importantes consecuencias para quien decide aprender al estilo de Salomón, poniendo en práctica lo que ha conocido, en primer lugar quien lo hace se estima. El ignorante se aborrece a sí mismo, quien no quiere aprender nada se odia porque quiere permenecer en ese lamentable estado donde no se sabe ni se quiere saber nada.

La primer razón para aprender es que nos queremos cuando lo hacemos y la segunda razón o resultado que nos debe mover para dejar esa condición es que trae prosperidad. No es declarando o decretando prosperidad como los bienes vendrán a la vida de una persona, será únicamente aprendiendo.

Decidir salir de la ignorancia es una determinación que nos servirá mucho para mejorar nuestra autoestima y para tener recursos suficientes para vivir.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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