La Biblia dice en Job 33:14

“Sin embargo, en una o en dos maneras habla Dios; pero el hombre no entiende.”

Eliú, un cuarto amigo de Job, más coherente, menos condenador, pero firme defensor del Dios de dolor se dirige al patriarca para, con mesura, hacerle ver que el sufrimiento y la tribulación son maneras en las que Dios habla a todos los hombres. El dolor no está dirigido en forma exclusiva a un solo ser humano; es una experiencia general.

Eliú ha escuchado todos los argumentos de Job en los que se declara puro, pero Dios encuentra pretextos contra él, lo considera su enemigo, le tiende trampas a cada paso y vigila todos sus movimientos. Así se siente ante el Creador el antes hombre poderoso y rico que ha caído en desgracia.

Las palabras de Job, si bien no son un reclamo o queja ante Dios, revela gran desconocimiento de la voluntad de Dios. Y justamente ese la primero de muchas de las consecuencias del dolor en nuestras vidas. Ignoramos completamente la naturaleza del mismo y lo ignoraremos casi siempre si no tomamos en cuenta que Dios se comunica así.

De hecho Eliú sostiene que Dios tiene una o dos maneras en las que Dios habla a los hombres. La primera, ha dicho, son los sueños. A través de ellos Dios nos avisa, nos reprende y busca que cambiemos nuestras equivocadas actitudes, sobre todo aquellas que nos pueden llevar a la tumba. En otra ocasión nos ocuparemos de esta manera de hablar del Señor.

La segunda manera en la que Dios habla y que menciona Eliú en este capítulo es a través de la enfermedad. Cuando se pierde la salud el estado del hombre decae y cuando sale de ella debe entenderlo como una segunda oportunidad para bien vivir delante de Dios, pero eso muchas veces no ocurre.

Porque librar una enfermedad en lugar de considerarse una segunda oportunidad dada por Dios, se piensa que es un acto de suerte. Muchos hombres y mujeres asocian la recuperación de su salud a un hecho producto de su buena ventura y no la intervención de Dios para que puedan enmendar su camino.

Pero Dios utiliza la enfermedad para mostrarnos cuán frágiles somos, cuán débiles y necesitados somos. De ningún modo somos lo fuerte que pensamos ser y a través de esa experiencia nos quiere llevar a la convicción de que lo necesitamos ya que solo él tiene el poder de librarnos de la muerte.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

Deja tu comentario