La Biblia dice en 1º de Samuel 2: 26

“Mientras tanto, el joven Samuel seguía creciendo, y su conducta agradaba tanto al Señor como a los hombres.”

La vida de Samuel es biografiada desde antes de nacer, su infancia, juventud, vida adulta y vejez. Es de los pocos personajes de la Escritura del que tenemos casi la totalidad de sus datos biográficos. Se conoce el nombre de sus padres. Cuantos hermanos tuvo. El nombre y conducta de sus hijos. Solo desconocemos el nombre de su esposa y algunos otros datos. 

Por los libros que llevan su nombre sabemos que comenzó a servir al Señor desde niño. Fue el sacerdote Elí quien lo entrenó para ministrar delante de la presencia del Señor en Silo, lugar de adoración de los judíos donde los hebreos lo vieron crecer, tal vez sorprendidos de su estancia en ese lugar desde temprana edad. 

Es un hecho que Dios tenía un llamado para Samuel y el verso que hoy meditamos nos muestra que si bien servía al interior de la casa de Dios también tenía relación estrecha con la gente que lo veía en ese lugar de tal suerte que su conducta resultaba agradable al Señor, pero también a las personas con las que interactuaba. 

Estos dos planos de la vida de Samuel nos resultan muy útiles para comprender la naturaleza del servicio a Dios. Se trata de una actividad en la que se despliega una conducta delante del Señor con temor reverente, pero a la vez se trata de ajustarnos a un estilo de vida que evite los escándalos. 

La vida espiritual tiene dos esferas indivisibles lo que hacemos delante del Creador y lo que somos y hacemos delante de las personas con las que convivimos. Se necesita un esfuerzo especial para procurar armonizar lo que somos delante del Señor y  lo que somos delante de los hombres. 

Es insostenible decir que conocemos al Señor y maltratar por ejemplo a los hombres hechos a semejanza de Dios. Tampoco podemos decir que amamos a Dios y no amamos a nuestros hermanos. La coherencia entre lo que hacemos y lo que vivimos es indispensable al decir que profesamos fe en Dios. 

Samuel creció agrandando a Dios y viviendo de tal forma que su presencia en el tabernáculo de Silo se hizo visible ante las personas que convivían con él. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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