La Biblia dice en 2ª de Corintios 1: 20

“Pues en él se cumplen todas las promesas de Dios. Por esto, cuando alabamos a Dios, decimos «Amén» por medio de Cristo Jesús.”

Un viaje pospuesto para visitar a los hermanos de la ciudad de Corinto sirvió a Pablo para enseñarles, por una parte, que los creyentes no pueden vivir permanentemente en el sí y en el no, es decir, deben ser serios y comprometidos y no de doble ánimo, y por otra parte para explicarles una de las palabras más utilizadas en el cristianismo: Amén.

La palabra conocida universalmente gracias a la propagación del evangelio es de origen hebreo y sencillamente significa “así sea”. Todas las oraciones que se elevan a Dios tienen como fin la palabra amén no como mero formulismo o como una declaración mágica, sino como la más profunda de las convicciones de que nuestras plegarias serán escuchadas. 

Pablo la usa en la segunda carta a los Corintios para recordarnos que todo lo que Dios ha prometido se cumple. Nada de lo que Dios ha dicho dejará de tener cumplimiento y esa es la razón por lo que la palabra amén se emplea de manera constante en toda la Escritura y al usarla nosotros debemos recordar que nuestro buen Dios es serio. 

El Señor no juega ni da bandazos, es decir, no miente, ni falta a sus promesas porque él no solo promete, sino que se compromete y todo lo que ha dicho lo ha cumplido por eso es que al utilizar la expresión amén o así sea lo que estamos haciendo es ajustarnos a esa verdad con la que el Creador se conduce. 

Es sumamente molesto cuando alguien que se ha comprometido a hacer algo cambia de parecer. Los cambios de parecer son muy desesperantes porque se pierde la confianza y la seguridad en una persona. Provoca también incertidumbre porque no se sabe si está siendo sincero o solamente está fingiendo. 

Pero en el caso de Dios, él no cambia. Se mantiene inmutable y en consecuencia sus promesas son imperecederas, no cambian y no solo eso sino que también las cumple, por eso con toda seguridad al orar de acuerdo a su voluntad podemos decir confiadamente amén o así sea. 

Todas las promesas del Señor son el sí y en el amén porque tenemos un Dios comprometido al cien por ciento con su palabra. Nunca dejará de cumplirse todo lo que ha prometido para nuestras vidas. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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