La Biblia dice en Lucas 1:46-47

Entonces María dijo: Engrandece mi alma al Señor; 47 Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador.

Introducción

María habló con Elisabet luego que el ángel le dijo que su parienta llevaba ya seis meses de un embarazo sobrenatural ya que era estéril y avanzada de edad y tras escuchar las palabras de su familia alzó la voz y cantó lo que conocemos como Magníficat que es la palabra latina para la expresión engrandece. Magnifica mi alma al Señor, diría siguiendo el vocablo en latín.

La madre de Jesús adoró al Señor con un salmo o alabanza que el evangelista Lucas registró en su libro de historia que escribió sobre la vida y obra del Señor Jesucristo, que nos acerca mucho a la relación que María tenía con Dios, nos abre la posibilidad de conocer el corazón de una mujer dispuesta a entregar todo su ser a la obra del Creador.

Adorar al Señor es el objetivo y la misión esencial del hombre sobre esta tierra. La esposa de José nos enseña cómo podemos hacerla, nos ayuda con su plegaria al Señor a acercarnos al Señor, a quien por cierto se reconoció como sierva suya y como una mujer profundamente necesitada de su ayuda y auxilio.

De esta forma nos muestra la manera en que podemos y debemos adorar al Señor, aun sin entender todo lo que sucede, sin saber a dónde nos conducirán sus planes, pero teniendo siempre la certeza de que cualquiera que sea el plan él siempre sabrá lo que hace y al adorarlo estamos reconociendo que es sabio sin medida.

Con su Magníficat María se suma a decenas de hombres y mujeres que dejaron en la Biblia la manera en la que adoraron al Señor, las palabras que le expresaron en un momento en el que sus circunstancias eran inciertas, pero la revelación divina era más que clara que debían caminar por una senda que tal vez no entendían, pero debían hacerlo.

Y esa es la clase de adoración que agrada al Señor, la que nace de un corazón confiando y convencido de que aun sin comprender lo que va a hacer, se entrega de manera incondicional a dejarse conducir por Dios que es el mejor conductor en este mundo lleno de caminos falsos.

Adorar a Dios es por mucho la mejor opción que tenemos en todo tiempo para satisfacer las profundas necesidades de nuestra alma.

Atesora la historia de tu salvación
Para adorar al Señor
A. Con todo nuestro ser
B. Con la palabra de Dios como marco
C. Con toda humildad

Dios es demandante. Le interesa nuestro corazón porque sabe que si lo tiene, tiene todo lo demás. Al entregarnos de todo corazón entregamos nuestro tiempo, entregamos nuestro dinero, nuestros sueños, nuestros anhelos, a la espera de que podamos dejarlo ser en nuestra vida cotidianamente.

Las primeras palabras que María le dijo al Señor nos permiten acercarnos a la forma en que esta mujer se acercó al Creador para rendirle su vida y de paso nos dejó ejemplo de cómo debemos hacerlo también nosotros.

A. Con todo nuestro ser

María es un vivo ejemplo de que al Señor se le adora con todo nuestro ser. Ella puso toda su existencia –física y espiritual– en manos del Señor y desde esa condición adoró al Señor al mencionar tanto su alma como su espíritu nos deja en claro la clase de adoración que le tributó al Señor.

La palabra “alma” procede del vocablo “psuché” que literalmente quiere decir “el aliento vital”, “el aliento de vida” y por eso en algunos textos del Nuevo Testamento se traduce como “vida”. La expresión nos lleva a pensar que María engrandecía, exaltaba o enaltecía al Señor desde lo más profundo de su existencia.

El vocablo espíritu nace del vocablo “neuma” que tiene muchos usos en el Nuevo Testamento, desde el Espíritu Santo hasta un espíritu como algo más alto que el hombre, en este caso un ángel o también los demonios. Pero en el texto que meditamos en esta ocasión se refiere al espíritu racional, el poder por el cual el ser humano siente, piensa, decide.

María adoró a Dios como dice Pablo en la 1ª Carta a los Corintios 14:15 con el entendimiento, pero también con el espíritu, es decir una clase de adoración que abarca todo lo que una persona es. Es una forma elevada de adoración como la que señala el Salmo 103: 1 “Bendice, alma mía, a Jehová y bendiga todo mi ser su santo nombre”.

B. Con la palabra de Dios como marco

En el Magníficat hay por lo menos diez citas del Antiguo Testamento. Lo que nos revela varias verdades. La primera de ellas es que María memorizaba largos pasajes de la Escritura. No hay que perder de vista que para ese tiempo el sistema de escritura no era común.

Lo segundo es que era una mujer piadosa que leía y meditaba la palabra de Dios como parte de su adoración a Dios. Debemos tener presente que su adoración estaba marcada o enmarcada en lo que otras mujeres y hombre habían dicho ante el Señor y ella tomó de ellas y ellos lo que sentía en ese momento.

Pero lo más sobresaliente de citar tantos pasajes bíblicos es que María nos muestra que la adoración a Dios no puede hacerse fuera de lo que nos enseña la palabra de Dios, no puede haber una adoración genuina si está distanciada o apartada de lo que nos señala la bendita revelación divina.

C. Con toda humildad

La adoración de María nació de un corazón humilde. Nunca se asumió como alguien mejor que los demás o con una posición superior por haber sido seleccionada como la mujer que habría de convertirse en el medio por el cual el Hijo de Dios vendría a este mundo a salvar a la humanidad.

Y justamente esa es la actitud que más agrada a Dios de todos quienes le adoran. Que tengan la sencillez siempre de reconocer que el único digno y merecedor de toda gloria y honra es el Creador. Que las criaturas están y estarán siempre supeditadas a su condición humana y el único ser que pudo reclamar ser Hijo de Dios y no lo hizo fue Cristo.

Él se humilló y en esa condición salvó a todos los hombres de la condenación eterna. María adoró al Señor con humildad porque supo que dentro de los planes de Dios solo la gracia del Señor hizo posible que estuviera en esa condición de aparecer como la madre de Jesús en este mundo.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

Deja tu comentario