La Biblia dice en Lucas 2:6-7

Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. 7 Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.

Introducción

Obligados por el decreto de Augusto César, José y María salieron de Nazaret y se dirigieron a Belén una jornada de ciento veinte kilómetros que recorrieron unas veces caminando y otras montados en animales de carga y al llegar allí ocurrió el nacimiento de nuestro Señor Jesucristo.

Los ginecólogos recomiendan a una mujer que va a dar a luz medidas de seguridad personal muy precisas debido a que de no tomarse con seriedad el estado de gravidez puede sobrevenir algún problema con el producto y poner en riesgo no solo la vida del ser que ha sido concebido, sino también el de la propia madre.

Un viaje de Nazaret a Belén representaba justamente un periplo riesgoso, pero no podían negarse a hacerlo porque los romanos eran muy violentos a la hora de hacerse obedecer o hacer cumplir algunas de sus disposiciones y eso provocó que la pareja se arriesgara a subir de Galilea a Judea.

Pudo ser de otra manera el nacimiento de Jesús. Pudo haber sido con todas las comodidades, sin la necesidad de tener encima una presión como la que les llegó por el decreto de Augusto César. Pudo haber sido con toda la calma y en un lugar digno de la criatura que iba a nacer.

Pero no fue así. Al parecer los planes divinos tenían otra alternativa u otro proceso que a los ojos de todos nosotros fueron difíciles y complicados porque el mismo nacimiento del Hijo de Dios debía servir para enseñarnos, para mostrarnos que literalmente Jesús había renunciado totalmente a ser como Dios. No se había aferrado a su grandeza.

Materialmente se despojó de sí mismo y el ejemplo de esa aseveración la encontramos justamente el lugar y la forma en que llegó a este mundo, sin grandezas, sin oropel y sin la pompa y lo suntuoso que resulta la llegada a este mundo de un príncipe o una miembro de la familia real.

Pero no. Nuestro bendito Salvador vino a este mundo sin más grandeza que la que le tributaron unos sencillos pastores que llegaron esa noche a Belén. Ya posteriormente llegaron los sabios de oriente, una especie de astrónomos que miraban las estrellas de la noche y descubrieron la estrella que anunciaba el nacimiento del Mesías.

Esa noche en Belén llegaba a este mundo el ejemplo más sublime de humildad a mostrarnos que en la sencillez hay grandeza, que en la modestia se puede encontrar la felicidad y que la mansedumbre nos puede dar muchas satisfacciones, mientras el orgullo y la altivez nos pueden dar la razón, pero nunca la paz.

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Para apreciar la humildad
A. En medio de las adversidades
B. En medio de las incomodidades

Jesús vino a este mundo dócil, sobrio a identificarse plenamente con los hombres, pero particularmente con los pobres y desposeídos, con los que este mundo arroja a lo marginal, con los menesterosos que siempre necesitan consuelo y ayuda. A ellos les mostró que estaba en el mundo para hacerles ver que eran muy importante para el Creador.

A. En medio de adversidades

Lucas dice en el verso seis lo siguiente: Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento.

Un alumbramiento siempre resulta tenso para todos. Para los esposos o consortes, para la familia y hasta para aquellos que conocen a la pareja que se va a convertir en papás. Estoy hablando en términos normales o funcionales. No me quiero imaginar cómo será un parto fuera del lugar de residencia es todavía más complicado.

Pero José y María aceptaron el reto que el Señor les puso. Los colocó en ese punto de la vida que resulta insoportable para muchos: los puso en una gran adversidad. ¿No se suponía que al convertirse en los padres humanos de Jesús todo debería ser un sueño o un casi, casi, paraíso en la tierra?

Ser los progenitores terrenales de Jesús no les garantizó lo que muchos falsos maestros pregonan en estos días, una vida con ausencia de conflictos, una fe sin problemas o una vida cristiana sin ninguna clase de adversidades. Para nada. La presencia física de Cristo entre ellos de ningún modo significó, ni significa, que no vayamos a tener contrariedades.

Ellos nos dejan ver y nos hacen pensar seriamente sobre la clase de fe que hemos abrazado. Una fe que sirve para esos momentos en los que se tiene que hacer a un lado los problemas y dificultades para seguir nuestro camino de confianza y certidumbre en lo que Dios nos ha prometido, aun cuando la realidad parezca decir todo lo contrario.

B. En medio de las incomodidades

El verso siete de nuestro pasaje dice así: Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.

Encontramos en este verso la verdad más sublime que puede haber en este mundo. El Hijo de Dios vino al mundo y ni siquiera hubo un lugar digno para él. La versión Reina Valera 1960 traduce la palabra griega “phatné” como pesebre, pero otras lo traducen como establo, que era un lugar donde las personas guardaban sus animales.

Lucas solamente dice que no había lugar para ellos en el mesón. Una frase que nos muestra claramente que desde su encarnación Jesús renunció a sus prerrogativas, abdicó a sus derechos y no exigió ninguna clase de privilegios que tenía por su condición divina. Al contrario lo llevó al grado máximo de negación.

Jesús en el pesebre es la expresión más contundente y manifiesta que su vida estaría llena de incomodidades. No fue casual cuando dijo que el Hijo del hombre no tenía un lugar donde reposar su cabeza, ratificando así su condición o naturaleza de siervo que llegaba a este mundo a mostrarnos que servir es el más grande de los resultados de la sencillez.

Jesús nos dejó en claro que servir conlleva incomodidad. El vino a servir y no exigió un lugar digno o a su altura para nacer. Él nació en un pesebre, un establo, una caballeriza o un corral como lo llaman algunos. ¿Quién puede nacer allí? ¿Quién puede dejar un lugar de gloria para nacer en un lugar así? Nadie. Solo el Hijo de Dios para mostrarnos su grandeza.

Lucas dice con certeza: no había lugar para ellos en el mesón. Así fue tratado Jesús en su encarnación. La humanidad fue incapaz de darle una bienvenida digna de él. Ni siquiera le pudieron dar alojamiento al Dueño del universo.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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