La Biblia dice en Lucas 1:59

Y cuando oyeron los vecinos y los parientes que Dios había engrandecido para con ella su misericordia, se regocijaron con ella.

Introducción

Lo acontecido a Elisabet y Zacarías fue notorio y conocido por familiares y vecinos. En esos tiempos como en los actuales en algunas comunidades pequeñas los sucesos como un embarazo o nacimiento son conocidos por todos los habitantes y son celebrados o lamentados cuando un hecho es dañino para alguien o algunos.

Lucas se detiene para registrar el embarazo de Elisabet fue celebrado por mucha gente que la conoció estéril y edad avanzada y gracias al poder de Dios finalmente pudo tener un hijo y nos dice también que la gente se alegró con ella, lo que nos lleva a pensar en lo que produce una vida piadosa en la vida de quienes la rodean.

Elisabet contagió a amigos y familiares de su alegría. Al decir contagió quiero decir que desbordaba gozo y regocijo que al verla las personas no podían hacer otra cosa que sumarse a su estado eufórico que le había causado quedar embarazada y luego dar a luz a su primogénito que es la ocasión en la que Lucas escribe este pasaje.

En un mundo sombrío, en un tiempo de gran incertidumbre con la que vive el mundo en estos tiempos donde la alerta de una guerra o la posibilidad de que las naciones se enfrasquen de nueva cuenta en un conflicto bélico, portar alegría y poder transmitir gozo y alegría es una gran bendición.

Pero la clase de alegría que les infectó Elisabet no fue esa clase de gozo que se obtiene por medios humanos escuchando o teniendo entretenimiento de cómicos o payasos, sino aquella alegría que nace de lo profundo de nuestro corazón con motivo de ver su inmensa grandeza y eterno poder.

La Navidad es un hecho portentoso de parte del Señor que nos inunda de alegría y que como resultado de ello debemos alegrar los tristes, ayudar a quienes no le encuentran sentido a celebrar un hecho ocurrido hace dos mil años para que a través de la encarnación de Cristo podamos alegrarnos en todo tiempo.

Si algo nos muestra el nacimiento de Jesús es que podemos alegrarnos por una razón y como es una razón eterna, nuestra alegría tendrá esa misma consistencia.

Atesora la historia de tu salvación
Para contagiar la alegría
A. A nuestra familia
B. A nuestros vecinos

Los hombres son seres necesitados de experiencias que les permitan alegrarse. La vida es de por sí dura en este mundo y las adversidades, tribulaciones y problemas tienen como característica principal que nos roban la alegría de vivir y si no tenemos un punto de equilibrio pueden derribarnos.

Lucas escribe su evangelio para mostrarnos que la alegría que produce el nacimiento de Cristo es capaz de alegrarnos a nosotros mismos y alegrar o animar a otros a mirar la vida de otra manera, a saber que tenemos hay buenas razones para echar fuera la tristeza de nuestra existencia.

La vida de Elisabet fue esa clase de existencia que sirvió para alegrarnos o alegrar a otros. Su alegría en cierto sentido fue contagiosa porque su oración fue escuchada y gracias a ello experimento una dicha inigualable que pudo influenciar o compartir a quienes la rodeaban cotidianamente.

A. A nuestra familia

El primero en alegrarse, aunque dudó al principio fue su esposo Zacarías. La vida matrimonial puede convertirse en una aventura que lo mismo nos puede llenar de mucha alegría, pero a la vez puede ser un tiempo de grandes dificultades, desilusiones y hasta mucha frustración.

Pero Elisabet y Zacarías disfrutaron plenamente el nacimiento de su hijo que fue el precursor de Cristo y se llenaron de gozo. Cómo se hace necesario alegrarnos como parejas. Un matrimonio que ríe o sonríe es una matrimonio que claro tendrá sus problemas, pero podrá superarlos si no rápidamente, si con el menor desgaste posible.

Pero la alegría de Elisabet no solo fue compartida con su esposo Zacarías, sino también con María cuando se encontraron en la casa de ella en las montañas de Judá a donde la visitó la madre de Jesús. El gozo que compartieron es mencionado por Lucas en su evangelio al describir la plática que tuvieron ambas mujeres.

Nos queda claro que el primer círculo de la vida de esta mujer fue contagiada con su alegría, lo que nos muestra que las personas que resienten para bien o para mal nuestro estado de ánimo son las personas que conviven más tiempo con nosotros, en este caso nuestro esposo o esposa y nuestros hijos.

B. A nuestros vecinos

Después de nuestra familia, las personas que viven cerca de nuestra casa son las que ven como nos conducimos y conocen también si vivimos con alegría o somos una constante queja por lo que sucede en nuestra calle, colonia, ciudad o país. Ellos son los que también resienten si estamos contentos o estamos enojados.

Lucas dice que los vecinos de Elisabet al ver que Dios había engrandecido su misericordia sobre ella, también se regocijaron, es decir lo que le sucedió a esta mujer fue evidente. Años sin verla con descendencia y cuando quedó embarazada ellos se percataron de lo que sucedió y se llenaron de alegría.

La gente nos observa, la gente ve como vivimos y se da cuenta de nuestro estado de ánimo, pero también se percata cuando Dios nos ha bendecido y de cómo nos conducimos ante la compasión divina sobre nuestras vidas.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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