La Biblia dice en Lucas 1:20

Y ahora quedarás mudo y no podrás hablar, hasta el día en que esto se haga, por cuanto no creíste mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo.

El formidable relato que hace Lucas sobre Zacarías nos ayuda no solo a precisar el origen y familia de Juan el Bautista, sino también a comprender las grandes luchas de hombres y mujeres que fueron protagonistas de la historia de la salvación, quienes tuvieron contacto con lo sobrenatural y reaccionaron de maneras muy diferentes.

El tercer evangelio del Nuevo Testamento presenta a Zacarías como un ejemplar sacerdote que descendía de la familia de Abías, descendiente directo de Aarón. Junto con su esposa se dedicaban por entero al servicio del templo de Jerusalén desde su juventud y todo iba bien en su vida excepto que no podían tener hijo, pues Elisabet era estéril y ambos ancianos.

Lucas tiene el tino de presentarnos la historia familiar y personal de ambos personajes con la particularidad que durante todo el embarazo de su esposa Zacarías quedó mudo. Por aproximadamente doscientos setenta días el sacerdote no pudo hablar por haber dudado que después de mucho tiempo su oración había sido escuchada y tendría un hijo.

Parece una sanción muy dura para un hombre que solamente preguntó cómo sería posible que un hecho de ese calado ocurriría en su vida. Humanamente podemos compadecernos de este hombre que una añeja oración suya por fin era contestada, que su fe, en esa solicitud ante Dios, se había desgastado tanto que creer que tendría respuesta le resultó imposible.

Ese hombre espiritual se quebró por tanto tiempo de espera y cuando el emisario divino le dijo que tendría un hijo y el objetivo de la vida de su hijo simplemente se le hizo increíble y como muchos de nosotros dudó, a pesar de que como sacerdote él tenía conocimiento de que Dios hace habitar en familia a la estéril, que se goza en ser madre de hijos.

Sara fue estéril y anciana cuando tuvo a Isaac. Rebeca era estéril y tuvo a Jacob y Esaú. Ana era estéril y dio a luz a Samuel y así una serie de mujeres que sin la posibilidad de concebir llegaron a tener hijos. El pueblo de Israel lo sabía, pero los sacerdotes más porque eran los encargados de preservar el conocimiento entre los hebreos.

Esa fue tal vez la razón por la que se sancionó tan severamente a Zacarías. Debería saber que Dios traspasa toda clase de límites materiales, que nada lo detiene cuando su voluntad ha decidido un plan, que el trasciende las leyes naturales, pues él mismo las diseñó y nada ni nadie puede detenerlo.

Pero también nos da una gran lección de lo fastidioso que siempre le ha resultado a Dios que no se le crea. La duda es una manifestación de incredulidad que al Señor siempre le ha resultado ofensiva porque denigra su grandeza, opaca su inmenso poder y le resta gloria a su naturaleza.

Atesora la historia de tu salvación
Para no dudar
A. Porque Dios castiga la incredulidad
B. Porque Dios cumple lo que promete

La mudez de Zacarías fue proverbial. Al quedar callado por nueve meses, Dios quería mostrar de manera clara que lo que Dios promete no se debe poner en tela de juicio. Los compromisos del Señor jamás se deben poner en duda. Si él ha dicho algo, sin duda alguna, lo hará.

A. Porque Dios castiga la incredulidad

El éxodo de Egipto a la tierra prometida estuvo marcada por la duda del pueblo de Israel una y otra vez del poder de que Dios los sostendría en el desierto. Llegó a tal grado sus incredulidad que murmuraron contra el Señor, lo que finalmente provocó que esa generación no disfrutaran de la leche y miel del lugar prometido.

El salmo noventa y cinco sintetiza los acontecimientos en el desierto.

Si oyereis hoy su voz, 8 No endurezcáis vuestro corazón, como en Meriba, como en el día de Masah en el desierto, 9 Donde me tentaron vuestros padres, me probaron, y vieron mis obras. 10 Cuarenta años estuve disgustado con la nación, y dije: Pueblo es que divaga de corazón, y no han conocido mis caminos. 11 Por tanto, juré en mi furor que no entrarían en mi reposo.

Lucas escribe que la gente que esperaba afuera del templo pensaron que Zacarías salió mudo después de ofrecer incienso en el templo de Jerusalén porque había visto una visión, pero en realidad salió sin poder hablar porque no le creyó al ángel Gabriel que sería padre de un hijo consagrado desde el vientre de su madre al servicio del Mesías.

Eso explica mucho la razón por la que fue sancionado. Estaba siendo enterado en primer lugar no solo el nacimiento de su hijo, sino el advenimiento del Mesías que tanto esperaban los hebreos. Antes que todos Zacarías tuvo la primicia por parte de Dios de que el Salvador del mundo vendría a la tierra y ¿cuál fue su reacción? Dudó.

Esa actitud es fatal ante Dios porque ya no nos deja avanzar en la vida cristiana. Nos detiene y nos paraliza de tal manera que comenzamos a ver los problemas más grandes que el Señor y nos volvemos seres empequeñecidos que hacen pequeño también a Dios.

B. Porque Dios cumple lo que promete

El verso que meditamos en esta ocasión dice así:

Y ahora quedarás mudo y no podrás hablar, hasta el día en que esto se haga, por cuanto no creíste mis palabras, las cuales se cumplirán a su tiempo.

Lo que Dios dice, se cumple. Lo que Dios promete, lo lleva a cabo. Lo que Dios anuncia que ocurrirá, sucede. Esa es la verdad que todos los hijos de Dios deben tener presente siempre y no olvidarlo nunca porque de lo contrario nuestra fe carece de fundamento, nuestra confianza simplemente va a tambalear a la hora de las pruebas.

Zacarías tuvo una visita angelical como la tuvieron Abraham, como la tuvo Jacob, como la experimentó Manoa y su esposa, padres de Sansón, como la vivió el propio Gedeón y todo lo que todos ellos oyeron se cumplió porque Dios es un Dios serio que no juega o que nunca se desdice.

Y a Zacarías lo visitó el ángel Gabriel, un enviado del Señor y lo hizo en el lugar de mayor nostalgia para un servidor: en el templo. Allí donde él ministraba para el Señor. Allí donde pensaba tanto en su hijo que no tenía y lo hizo para hacerle ver que sabía perfectamente sus anhelos. Dios le habló por medio de un ángel, no por sueños o visiones.

Ese solo hecho bastaba para aceptar sin ninguna indolencia lo que se le había dicho, pero no ocurrió así porque Zacarías se había acostumbrado tanto a una oración sin respuesta que cuando vino finalmente el “si”, sencillamente no lo creyó.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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