La Biblia dice en Lucas 1:38

Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia.

Introducción

María fue seleccionada entre muchas otras mujeres de Nazaret para una labor que reclamaba algo más que solo ser virgen, requería principalmente una enorme disposición para llevar sobre sus hombros concebir al Hijo de Dios corriendo el riesgo de ser apedreada porque nadie le iba a creer que su embarazo era producto de una intervención divina.

Sí, su labor sería un privilegio, pero también sería una fuente inagotable de sufrimiento: una espada traspasará tu misma alma, le advirtió Simeón cuando llegó al templo a observar la presentación de Jesús con lo que quedó claro que a María le tocaría vivir una experiencia complicada al ser la madre de Jesús.

De allí la relevancia que tiene recordar que esta mujer elegida por Dios tenía un corazón dispuesto para hacer la voluntad de Dios no en el ámbito de lo fácil o sencillo, sino en el dolor y padecimiento que son las experiencias que mejor revelan nuestro corazón ante el Creador porque nos templan y moldean al seguir al Señor.

La esposa de José aceptó este desafío. No se amedrentó cuando supo la clase de carga que había de llevar, no se retractó o echó para atrás al conocer su destino sino que se asumió como sierva del Señor. La palabra sierva tiene otras traducciones como esclava o servidora, incluso sirvienta, en otras traducciones.

El sentido de la palabra en el Nuevo Testamento es clara: el siervo era un esclavo o criado que tenía un señor que no solo era su patrón, sino su amo, es decir no tenía voluntad propia porque estaba destinado a hacer exclusivamente lo que su dueño le pidiera que hiciera so pena de ser castigado por desobedecer.

En griego la palabra procede del término “doulé” que se puede entender como “uno que se entrega totalmente a la voluntad de otro” y ese es el sentido en el que María entregó su vida al Señor al aceptar convertirse en la madre del Salvador sin ninguna clase de reserva o condición.

María se condujo ante Dios no como alguien con privilegios, sino una mujer convertida en la sierva del Señor.

Atesora la historia de tu salvación
Para servir incondicionalmente
A. Como un esclavo
B. Como dice la palabra de Dios

La figura de María es digna de encomio, digna de imitar porque renunció a una vida tranquila o normal, abdicó a una vida sin contratiempos para convertirse en la madre de Jesús, con todas las dificultades, adversidades, problemas y sufrimientos que esa posición tenía para ella.

Ella decidió servir al Señor de manera incondicional. No puso ninguna clase de reticencia a la hora de ofrecer su vida, no presentó ningún pretexto para escurrirse de la responsabilidad a la que se le llamó, al contrario le creyó al ángel y gracias a esa actitud pudo cumplir con el plan que Dios había diseñado para su vida.

A. Como un esclavo

La esclavitud fue una forma de convivencia entre los hombres. Apareció casi al mismo tiempo que el hombre sobre la tierra cuando se levantaron los primeros poderosos del mundo que sometieron a sus semejantes y los obligaron a trabajar para ellos o servirles sin ninguna clase de paga.

Los hebreos conocían perfectamente ese estado porque en Egipto estuvieron cuatrocientos años como siervos de los egipcios quienes les hicieron ver su suerte y los maltrataron de tal manera que Dios tuvo que intervenir para librarlos de Egipto que abusó inconmensurablemente de ellos.

Sin embargo esa experiencia sirvió como ejemplo o como referente para que los judíos aprendiera a ser esclavos del Señor. De hecho muchos mandamientos de la Torá hebrea tienen como sustento o argumento que los judíos fueron esclavos en Egipto para animarlos a convertirse en siervos de Dios.

Los judíos debían aprender a usar su libertad convirtiéndose en esclavos del Señor. La única libertad posible es la que nace de rendirnos incondicionalmente al Creador y eso lo entendió perfectamente María que al mensaje del ángel Gabriel respondió con disposición no para obedecer, sino para ser esclava o sierva.

Su actitud nos enseña mucho a nosotros porque estuvo en la mejor disposición de hacer más allá de sus fuerzas como los esclavos hacían por sus señores. Si bien Dios no es un Amo malo, sí es exigente con todos nosotros porque desea que entreguemos nuestras vidas sin condición alguna a su reino.

El esclavo no tiene más voluntad que la de su amo. El cristiano en consecuencia debe renunciar a su voluntad, debe hacer a un lado sus planes y proyectos para dejar todo en las manos de Dios.

B. Como dice la palabra de Dios

Cuando pensamos en la esclavitud inmediatamente a nuestra mente llegan imágenes de maltrato y violencia sobre seres indefensos cuyo único error es haber nacido esclavos o por alguna razón haberse convertido en criados, pero en el caso de Dios las cosas no operan de esa manera.

María le dijo al ángel antes de que éste se retirara que se hiciera con ella “conforme a tu palabra”. Y en esa expresión nos muestra que el ser esclavos del Señor no implica de ninguna forma que la dignidad de las personas sea pisoteada porque para Dios la dignidad del hombre o la mujer es lo más preciado.

En las palabras que Gabriel le dirigió a María no hubo una sola que implicará algún atentado a su dignidad como mujer. Le dijo que quedaría embarazada y cuando parecía que sería apedreada por haber concebido antes de haberse juntado con José, Dios le envió un ángel a José para que la recibiera como su esposa, lo cual cumplió con creces.

Por eso cuando hablamos de servir a Dios como esclavos estamos hablando de rendirnos incondicionalmente a su voluntad y a sus deseos que por supuesto ni son gravosos ni son peticiones del otro mundo, sino siempre todo ajustado a lo que dice y establece la palabra del Señor.

El servicio al Señor se debe ceñir siempre a los que Dios ha revelado, no a imposiciones caprichosas de las personas.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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