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lunes, junio 21, 2021
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Autocontrol

La Biblia dice en Proverbios 25:28

“Como ciudad derribada sin muro es el hombre cuyo espíritu no tiene rienda.”

La Nueva Versión Internacional traduce este verso de la siguiente forma: “Como ciudad sin defensa y sin murallas es quien no sabe dominarse.” En tanto que versión de Biblia Dios Habla Hoy lo hace así: “Como ciudad sin muralla y expuesta al peligro, así es quien no sabe dominar sus impulsos.”

La Nueva Traducción al Lenguaje Actual lo hace así: “Quien no controla su carácter es como una ciudad sin protección.” Y la Nueva Traducción Viviente lo hace de la siguiente forma: “Una persona sin control propio es como una ciudad con las murallas destruidas.” De esa forma nuestro texto nos permite comprender mejor el sentido de las palabras de Salomón.

Las personas pueden carecer de rienda, dominio propio, cuidado de sus impulsos, control de su carácter y falta de cuidado de sí mismos y eso lo convierte en una ciudad derribada sin muro o sin defensas y murallas, expuestos al peligro, sin protección en una clara alusión a la necesidad de autodominar nuestros deseos y pasiones.

Salomón nos ofrece una estupenda y muy nítida lección sobre la importancia y valor de disciplinar nuestros deseos que rondan siempre nuestra vida diariamente dispuestos a encauzar nuestra vida por las más profundas desviaciones que parecen placenteras, pero tarde o temprano nos destruyen. 

Este proverbio nos incita a revisar las pasiones que dominan nuestra vida porque de no ponerles un alto nos pueden destruir. El llamado del proverbista es a tomar control de nuestros impulsos a fin de tenerlos bajo llave ya que de lo contrario padeceremos muchas situaciones complicadas.

En esta vida los deseos de los ojos nos pueden llevar a conductas lejos de la voluntad de Dios y el Señor nos pide que tomemos control de nosotros mismos, la tarea más desafiante porque muchas veces somos muy indulgentes con nosotros mismos que la petición que hace el autor de los Proverbios en verdad es vital. 

Pablo le decía a Timoteo que se cuidará de sí mismo porque muchas veces el peligro para nuestras vidas somos nosotros mismos, sobre todo cuando nos descuidamos y dejamos que sean nuestras pasiones las que guíen nuestro actuar cotidiano. Nuestro carácter sin freno, nuestros impulsos sin límites, tarde o temprano nos hará parecer esa ciudad de la que habla Salomón: desprotegidos.

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