La Biblia dice en 1ª de Juan 3:21

“Queridos hermanos, si nuestro corazón no nos acusa, tenemos confianza delante de Dios.”

Los creyentes podemos simular. Podemos llegar a tal punto de simulación que podemos engañar a mucha gente e incluso engañarnos a nosotros mismos pensando que tenemos una fe genuina o que nuestra vida cristiana es auténtica y que vivimos tal como el Señor quiere que vivamos, pero en realidad eso puede ser una gran mentira.

El evangelista Juan escribe esta carta en medio de un creciente ingreso de personas a la iglesia que necesitan saber si en realidad forman parte de la comunidad cristiana que les recibía con los brazos abiertos, pero que necesariamente debían pasar una especie de prueba para conocer y saber si era genuina su decisión.

Para ello, recurre a un llamado personal y directo de cada creyente. En lo más profundo de su ser, en el corazón, donde se asienta la conciencia, los hijos de Dios pueden y deben hacer un examen que les permita saber perfectamente si su conducta se apega a lo que Dios demanda y no engañan ni se autoengañan.

Esta valoración o prueba personal es un ejercicio necesario e indispensable para cada discípulo de Jesús porque de esa manera se pueden acercar a Dios de manera confiada, con certeza y seguridad ante Dios que sabe y conoce todas las cosas y que no puede ser engañado por nadie.

Probarnos a nosotros mismos es un llamado que hace también Pablo en la 1ª Carta a los Corintios al momento de celebrar la Cena del Señor. Es una especie de autocrítica personal y sincera para conocer lo más profundo de nuestro ser, para adentrarnos a lo más recóndito de nosotros mismo y permitir que el Creador ilumine con su luz nuestra oscuridad.

Solo de esa manera podremos convivir y tener comunión con el Señor porque la simulación nunca le ha agradado ya que un corazón hipócrita nunca verá con gusto y al contrario castigará a quien trate de engañarlo haciéndose pasar por alguien que en realidad no es, en este caso queriendo parecer cristiano sin serlo.

Cuando nuestro corazón nos acusa, debemos procurar atender la razón por la cual nos reprende y no vivir de esa manera que desagrada a nuestro Salvador. Evaluarnos nos permitirá acercarnos a Dios con confianza.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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