La Biblia dice en Salmo 20:1

“Que el Señor te escuche cuando estés angustiado; que el Dios mismo de Jacob te defienda.”

El salmo veinte se repetía, se rezaba o se oraba cuando el rey, comandante supremo del ejército de Israel salía a la guerra. La plegaria escrita por el rey David quedó como herencia para el pueblo hebreo como el recurso para enfrentar los momentos angustiosos que llegan a la vida de las personas ante los grandes conflictos que vienen a la vida humana.

Pero no se trata de cualquier clase de angustia, sino aquella que es desesperante, aquella que nos hace desfallecer y nos lleva a considerar seriamente que nuestra vida ha llegado al fin y que no podemos hacer nada por evitarla y eso nos provoca miedo, temor, ansiedad y una gran desilusión.

El salmista apela entonces al Señor para que nos escuche. Aquí la palabra escuchar tiene la connotación de ayuda, socorro y apoyo, más que de solo oír. Se trata de una expresión que apela a la intervención divina directa y poderosa para ser librados y en particular para que sea Dios quien nos defienda. El Dios de Jacob luchando a nuestro favor.

Es interesante notar que ante esta clase de angustia el rey David recuerde precisamente al Dios de Jacob, una frase que nos remite a la vida del fundador del pueblo de Israel. Ese hombre que sufrió persecución por parte de su hermano Esaú cuando Isaac lo bendijo como primogénito y luego por Labán cuando lo dejó por considerar que era imposible vivir con él.

La invocación del Señor como Dios de Jacob es muy ilustrativa. Dios ayudó, auxilió y sostuvo a ese hombre que luchó con todas sus fuerzas para convertirse en cabeza del pueblo hebreo, que de anciano vivió la angustia más terrible de no saber que había pasado con su hijo José al que falsamente sus hermanos señalaron como muerto, pero que luego lo volvió a ver.

Dios le ayudó como nos ayudará a nosotros cuando a nuestra vida llegan esos momentos en los que la realidad nos abruma tanto que pensamos que todo ha llegado a su fin, pero con la intervención divina esa situación cambia radicalmente y de la desesperación podemos pasar a la calma y el remanso que solo el Creador puede dar.

El salmo veinte está allí para recordarnos a todos que viviremos momentos angustiantes, pero también para subrayarnos que la ayuda divina estará para sostenernos, fortalecernos y ayudarnos para tranquilizar nuestro atribulado corazón y devolvernos la paz que ansía nuestra alma.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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