La Biblia dice en Hebreos 2: 18

“Y como él mismo sufrió y fue puesto a prueba, ahora puede ayudar a los que también son puestos a prueba.”

Jesús se hizo hombre para salvarnos principalmente, pero también para habitar entre nosotros y conocer nuestras miserias y debilidades y auxiliarnos al conocer nuestra profunda necesidad del Señor a la hora de enfrentar este mundo, al maligno y a nuestra propia naturaleza. 

La encarnación y la crucifixión fueron sucesos que nos muestran claramente que nuestro Maestro fue un hombre en toda la extensión de la palabra y puede ayudarnos grandemente porque se identificó plenamente con el género humano. En él si cobra vida la frase “soy un hombre, nada humano me es ajeno”. 

A su paso por esta tierra conoció de manera directa los sufrimientos que vivimos los seres humanos y las pruebas que llegan a nuestra vida y eso hace posible que nos entienda perfectamente, que sepa que lloramos y lamentamos grandemente nuestras penas que nos agobian. 

El autor de la carta a los Hebreos le escribe a creyentes que están viviendo momentos de gran dificultad. Su fe está a prueba. Hay deserciones entre ellos porque se han cansado de esperar algo que a su juicio no ha llegado. Y eso los hace excepcionalmente vulnerables porque a veces las circunstancias no cambia inmediatamente o cuando se requiere. 

Pero quien mejor que Jesús para entendernos en esos momentos ya que él vivió uno de los dramas más tristes: sin haber hecho nada malo, sin haber dañado a nadie y al contrario habiendo hecho muchos bienes padeció como si fuera un malhechor o un ser despreciable y aceptó su destino sin queja alguna. 

Los creyentes pueden descansar en el Señor en los tiempos de grandes dificultades cuando sentimos que nadie podría sobrellevar las adversidades que estamos enfrentando, cuando creemos que nos hunden las dificultades, porque podemos llegar ante Jesús, un experimentado maestro que padeció y sometido a Dios fue glorificado.

La vida y obra de Jesús nos alientan y nos auxilian en todo momento porque manifiestan la irrefutable verdad de que vino no solo a condolerse de nuestra condición, sino también a padecer como un ser humano y puede, por ese solo hecho, apoyarnos perfectamente porque nos conoce bien.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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