La Biblia dice en 1º de Samuel 7:12

“Entonces Samuel tomó una piedra y la puso entre Mizpa y Sen (Shen) y le dio el nombre de Even Ezer (la piedra de la esperanza), diciendo: Hasta aquí nos ayudado el Eterno.”

El futuro siempre es incierto. Nunca tenemos seguridad de lo que vendrá con él. Esa realidad a algunos los atormenta. A otros los perturba y a muchos más los angustia de tal manera que los convierte en seres temerosos e inseguros, incapaces de planear nada para el porvenir porque para ellos les produce miedo, más que certeza.

La incertidumbre se convierte una carga pesada para todos cuando el pasado y el presente se conjunta para hacernos ver que nuestros problemas no nos dejarán nunca, que los males que nos han perseguido desde hace un buen tiempo allí siguen sin moverse siquiera un centímetro.

Esa experiencia la vivieron los hebreos del tiempo de Samuel con los filisteos. Desde que los judíos llegaron a la tierra prometida los descendientes de Cam se volvieron enemigos declarados de los hijos de Abraham y casi siempre les hicieron guerra, los persiguieron y hostigaron.

En una de esas tantas guerras, Dios intervino de manera directa. Samuel lo relata así: “Mas Jehová tronó aquel día con gran estruendo sobre los filisteos y los atemorizó, y fueron vencidos delante de Israel.”

La victoria de Israel fue contundente y en ese momento Samuel tomó una piedra, dice nuestro texto tomado de la versión hebrea del Antiguo Testamento, y la coloco entre Mizpa y Sen y le dio un nombre: Eben ezer, traduce la versión Reina Valera 1960, cuya traducción es piedra de ayuda o piedra de esperanza.

La intención de Samuel fue muy clara para los judíos y para nosotros también. El lugar no fue escogido al azar. Entre Mizpa y Sen era una de las rutas por las que los filisteos entraban para atacarlos y siempre había batallas allí. La colocación de una piedra en ese lugar serviría para recordarles que Dios estaba con ellos, pero sobre todo que Dios les había ayudado.

La palabras o la frase Eben-ezer debía servir no solo como memoria al pueblo de Israel sino como esperanza de que Dios los auxilió. Era una especie de monumento para traer al corazón la certeza de la ayuda divina. De esa forma ellos combatirían la incertidumbre del futuro recordando la intervención del Señor para bien con ellos.

La lección es formidable para todos nosotros cuando el futuro parece incierto, cuando el porvenir está lleno de nubarrones y cuando los días por venir nos asustan, debemos recordar que tenemos garantizada su ayuda. La ayuda del Señor es maravillosa porque su diestra de poder es invencible y derrotará a nuestros enemigos, empezando con el temor.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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