La Biblia dice en Miqueas 5:2

“En cuanto a ti, Belén Efrata, pequeña entre los clanes de Judá, de ti saldrá un gobernante de Israel que desciende de una antigua familia.”

La encarnación de Cristo fue cuidadosamente procesada y ejecutada por Dios. Se eligió su nombre: había de llamarse Jesús, porque salvaría al pueblo de sus pecados. Nacería de un virgen y su lugar de nacimiento sería un muy modesta villa de hombres dedicados a la cría de ovejas llamada Belén, que en hebreo significa la Casa del Pan.

Entre todas las localidades que se fundaron en Israel, Belén era una sencilla comunidad de personas que por el profeta Miqueas supieron que en ese lugar habría de nacer el Mesías, por eso cuando los sabios de oriente llegaron a Jerusalén, preguntando por el rey de los judíos que había nacido de inmediato respondieron que nacería en ese lugar.

El mensaje de la encarnación de Cristo fue contundente, es contundente: la humildad como marca y señal para todos los hombres: Jesús nació en un pueblo pequeño y vino al mundo en un pesebre, nada de que presumir, nada de que alardear, nada por lo cual llenarse de soberbia o altivez. Ninguna ostentación.

De esa forma Jesús quiere que recordemos siempre que la vida plena no se encuentra necesariamente en la ostentación, la opulencia y el derroche, sino en lo sencillo, lo simple, teniendo justamente lo necesario. Jesús nos enseñó así que seguirlo implica comprender y entender que la modestia debe ser nuestra compañera de viaje en este mundo.

La encarnación de Cristo o Navidad debe ser una conmemoración que nos haga entender que si bien lo material puede ser relevante jamás logrará llenar o satisfacer a plenitud a los hombres porque la esencia de la vida se localiza en bienes espirituales como la paz, la alegría y la dicha que él proporciona a raudales.

En un mundo absolutamente materializado, en sociedades donde la riqueza parece ser la única meta posible para alcanzar la realización plena, la antigua Belén de Judá nos parece decir que la mejores experiencias en esta vida ocurren justamente en los lugares más insospechados.

Volvamos a lo sencillo, disfrutemos los bienes que están a la mano como nuestra familia y dejemos a un lado todo aquello que nos aleja de la esencia de la Navidad: humildad, modestia y sencillez de un hombre que naciendo en Belén en un pesebre nos mostró que la verdadera vida no está en lo material.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

Deja tu comentario