La Biblia dice en Levítico 21:12

“Si la hija del sacerdote está casada con alguien extraño al sacerdocio, no podrá comer de las ofrendas que se dan a los sacerdotes.”

El sacerdocio aarónico fue una institución creada por Dios para dotar al pueblo de Israel con un grupo de personas encargadas de los sacrificios que se debía ofrecen en el tabernáculo primero cuando estaban en el desierto y luego en el templo de Jerusalén cuando tomaron posesión de la tierra prometida.

Todo lo concerniente a la casa sacerdotal quedó delienado con normas, y ordenanzas. Desde el hecho que que solo podían participar de esa actividad Aarón y sus descendientes. Aarón tuvo cuatro hijos Nadab, Abiú, Eleazar e Itmar. Los dos primeros murieron por ofrecer fuego extraño en el altar como advertencia clara de lo delicado de su función.

Sus fuciones están totalmente claras en el libro de Levítico y una de ellas nos sirve para meditar sobre la familia de los sacerdotes que por siglos dirigieron la vida espiritual de los hebreos hasta que el templo de Jerusalén desapareció en el año setenta cuando la ciudad fue destruida.

Los hijos y las hijas de los sacerdotes podían casarse. Tenían la libertad de hacerlo con quien quisieran. Se esperaba que tomaran como esposo o esposa a una persona que se dedicaba a lo mismo que sus padres, pero si por alguna causa no lo hacían así perdían privilegios como el sostenimiento por parte de las ofrendas que los sacerdotes recibían.

Las ofrendas eran un privilegio reservado exclusivamente a los sacerdotes y sus hijos. Cuando una de las hijas optaba por casarse con alguien que no era ni sacerdote ni levita, sino de las otras once tribus de Israel, entonces ese privilegio se cancelaba automáticamente y debía de procurar su esposo todas las necesidades.

La razón por la que Moisés enunció este mandamiento fue porque debía quedar claro a los sacerdotes y a sus hijas, porque los hijos no tenían la alternativa de casarse con alguien que no fuera de la familia sacerdotal, para valorar que si bien dedicarse al sacerdocio implicaba grandes sacrificios, también había grandes beneficios.

La enseñanza es evidente en este verso: hay grandes beneficios en la vida cristiana, pero acceder a ellos exige renunciar a muchas cosas desde las más personales hasta aquellas en las que sencillamente Dios nos pide que hagamos cosas como dejar de frecuentar ciertos sitios o ciertas personas.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

Deja tu comentario