La Biblia dice en Job 2:10

“Y él le dijo: Como suele hablar cualquiera de las mujeres fatuas, has hablado. ¿Qué? ¿Recibiremos de Dios el bien, y el mal no lo recibiremos? En todo esto no pecó Job con sus labios.”

La esposa de Job fue única persona cercana a él que le quedó después de haber perdido a sus diez hijos y todas sus posesiones y estuvo presente cuando el patriarca enfermó gravemente con unas llagas malignas incurables y le reprochó airadamente la utilidad de su integridad, si de todas maneras estaba sufriendo y de qué manera.

El relato de este valiosísimo libro de la Escritura nos presenta a esta mujer desesperada, desdichada por haber perdido no solo los bienes materiales, sino sobre todo a sus diez hijos y en esa desesperación culpa a Job de todo lo sucedido, pero sobre todo le echa en cara la utilidad de vivir piadosamente. Si el piadoso también sufre qué sentido tiene vivir obedeciendo a Dios fue su lógica.

Por eso fue más allá cuando le sugirió a su esposo que maldijera a Dios y que se muriera. En realidad el texto original no dice maldice, sino bendice, pero el tono y la manera en que se lo dijo hace que los traductores de la Biblia opten por verter maldecir en lugar de bendecir. En sus palabras uno puede descubrir su abdicación a seguir al Señor.

En medio de los dolores del alma por la perdida de sus hijos, sin poder asimilar todavía haber quedado en la pobreza y hundido en la desolación por esa terrible enfermedad que lo aquejaba, Job hizo un esfuerzo titánico para sostener su fe ante su esposa y le hizo ver la necedad en la que estaba cayendo.

Lo hizo formulando una verdad que es pilar para todos en medio de la aflicción. Le dijo categórico que de Dios viene bienes y también males. Todos los seres humanos reciben los bienes con júbilo, alegría y regocijo, pero deben entender que los males también se deben recibir con la mejor actitud.

Pensar que la vida solo son bienes y no males hará de nuestros sufrimientos una inagotable fuente de dolor y llenará nuestro corazón de resentimiento contra la vida, pero el patriarca nos muestra que en este mundo uno debe saber que las cosas buenas se acompañan de cosas malas, como la rosa, cuyo aroma nos embriga, tiene espinas que nos hieren.

El sabio Salomón redondeó esta verdad de la siguiente forma: “Cuando te vengan buenos tiempos, disfrútalos; pero, cuando te lleguen los malos, piensa que unos y otros son obra de Dios, y que el hombre nunca sabe con qué habrá de encontrarse después.” Eclesiastés 7: 14.

Al reconocer que en esta vida hay bienes y males, Job mantuvo su rectitud ante Dios y libró el grave riesgo de maldecir y blasfemar el nombre del Señor cuando todo se descompuso.

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