La Biblia dice en Oseas 9:10

“Como uvas en el desierto hallé yo a Israel, como brevas en la higuera en su principio contemplé a vuestros padres, los cuales, llegados a Baal-Peor, se consagraron a la infamia y se hicieron abominables como lo que amaron.”

Dios está profundamente conmovido por la actitud de su pueblo en los tiempos de Oseas. Es inconcebible lo que está sucediendo entre sus hijos asentados en la tierra que prometió a Abraham porque han perdido todo sentido de moral y se han desviado comportándose como una nación ignorante y analfabeta del conocimiento de Dios.

Es de tal magnitud la rebelión en la que viven que Dios se ha visto en la penosa necesidad de someter a su profeta a una acción descabellada: lo ha casado con una ramera que le ha dado tres hijos nombrados como Jezreel, Lo-ruhama o no compadecida y Lo-ammi, no pueblo mío. Fue una matrimonio que levantó toda clase de opiniones, pero que ilustraba perfectamente lo que pasaba con Israel.

El profeta Oseas escribe el verso que hoy meditamos para saber el gran aprecio y la gran alegría que Dios sentía por su pueblo similar a la que una persona experimenta cuando en pleno desierto encuentra uvas y como brevas, la palabra breva significa la fruta temprana de la higuera, y las cuidó y protegió para que madurarán.

Pero cuando llegaron a la tierra prometida se entregaron a Baal-Peor, una aborrecible e inmoral deidad a la que se consagraron y se hicieron abominables porque amaron a ese ídolo que los llevó a la perdición y que los sumió en el pecado y la rebeldía.

Lo acontecido a Israel es una historia de una gran ingratitud y una gran canallada porque fueron amados por Dios, protegidos, dirigidos y bendecidos para sortear su traslado a la tierra que fluye leche y miel y una vez instalados en ese lugar, lejos de agradecer y servir con su corazón a Dios lo olvidaron, fueron indiferentes y se entregaron a dioses ajenos.

Fueron prosperados, enriquecidos y bendecidos con una heredad escogida por Dios para ellos de manera exclusiva. Pero su actitud es como la de muchos creyentes que no han logrado comprender la magnitud o el tamaño de la bendición con la que Dios nos ha colmado por medio de Jesucristo.

Y como no saben la grandeza de sus posesiones se dedican a despifarrar la gracia infinita de Dios, se dedican a tirar por la borda lo que Dios hizo por ellos y se llenan de altivez pensado que Dios les estorba y olvidan que todo lo que tienen o poseen es gracias a Dios. Su descuido y olvido es enormemente triste. Son unos grandes canallas.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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