La Biblia dice en Salmos 137: 4

¿Cantar nosotros canciones del Señor en tierra extraña?

Desde hace muchos siglos las personas cantan. La mayoría de las veces porque están contentas, alegres y felices. Por supuesto que hay personas que también cantan cuando están tristes para desahogar sus penas y el dolor que sienten en sus corazones, pero son las menos. La música generalmente está asociada a un estado de dicha y contentamiento. 

La música hebrea desde hace más de cinco mil años tienen canciones extremadamente jubilosas como la que entonaron cuando Dios derrotó abrumadoramente al Faraón en el Mar Rojo y las mujeres con panderos siguieron a Miriam que cantó y danzó ese hecho portentoso de parte de Dios. 

Pero sin duda alguna, fue David quien llevó la música judía a niveles insuperables al componer casi la mitad de los ciento cincuenta salmos que tenemos en la Biblia, además de inventar instrumentos musicales y establecer grupos de adoradores que cantaran en el tabernáculo que instaló en Jerusalén. 

Cantar, entonces, es una actividad que todos podemos hacer, pero es un hecho que a veces no podemos entonar canciones porque no sentimos deseos, no sentimos ganas, no tenemos razones para ello o sencillamente experimentos desaliento y desánimo por situaciones que nos aplastan. 

Los hebreos vivieron esa experiencia en Babilonia. Allí se sentaban para llorar al verse lejos de su tierra y los babilonios les pedían que cantaran, pero ellos se negaban con la pregunta que contiene el verso cuatro del salmo ciento treinta y siete. Definitivamente no se puede cantar cuando la opresión nos aprisiona. 

Sin embargo, los israelitas sabían perfectamente que eso terminaría un día y entonces volverían a cantar. La ansiada libertad llegó y volvieron a Jerusalén a cantar y entonar los cantos de Sion.

Nosotros no podíamos cantar a Dios antes porque no teníamos libertad, pero ahora que Jesucristo nos ha liberado podemos afinar nuestras gargantas y llenar nuestros pulmones de aire para cantar a quien nos liberó y nos dio vida nueva. Nosotros merced al amor de Jesús sí podemos cantar. 

Y nosotros cantamos de alegría porque si bien podemos tener momentos de aflicción, él siempre se encargará de llenarnos de esperanza y consuelo, de tal manera que podemos levantar su nombre con nuestra voz para confesar que en todo tiempo Dios es siempre bueno. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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