Introducción a los Salmos 120-134: Señor, anímame en mi peregrinar a la patria celestial

Los judíos tenían en el Antiguo Testamento tres fiestas anuales en las que tenía como prescripción viajar a la ciudad de Jerusalén. Esas festividades era pascua, pentecostés y tabernáculos. De todos los puntos de la geografía de Israel acudían y luego de la diáspora de todos los rincones del mundo tenían que ir por lo menos una vez a su patria.

La sección de los salmos ciento veinte a ciento treinta y cuatro era usada para esos días de viaje. Los peregrinos podían entonar esos quince salmos que tiene como característica vinculatoria la inscripción “cántico gradual” como traduce la versión Reina Valera 1960 para agruparlos en el quinto libro de los salmos.

Dependiendo de la versión que usemos el nombre cambia de manera ligera, es decir su nomenclatura varía ligeramente para recibir los siguientes nombres: cantos de ascenso, cánticos de las gradas, cantos del peregrino, canción de las subidas o cantos de peregrinación. Los hebreos los llaman shir hamaalot, que quiere decir cantos de las alturas.

Cuatro de esos salmos fueron escritos por David y uno más por Salomón, los otros diez son anónimos ya que sus autores no fueron señalados en la inscripción de los cantos y aunque están agrupados por el título que tienen, su uso tiene dos momentos. Para algunos eran utilizados desde que salían de su ciudad hasta Jerusalén y para otros cuando llegaban a Jerusalén y comenzaban a ascender al templo colocado en lo alto del monte Sion.

Todos los rabinos hebreos coinciden en señalar que ir a Jerusalén era más que un viaje ordinario. Se trataba de un viaje espiritual que hacía que las personas se elevaran de lo material a lo celestial. Y ese justamente ese el sentido que tienen estos quince preciosos salmos que nos servirán para reflexionar en el libro de los Salmos.

Los judíos los empleaban para su viaje a su santa ciudad, pero los creyentes en Jesucristo bien los podemos emplear en nuestro peregrinar hacia la patria celestial. Ellos los empleaban para animarse en su duro trayecto lleno peligros y cargado de incertidumbre al dejar sus hogares, pero nosotros los podemos emplear para recordar que la tierra no es nuestro hogar.

Cada uno de los salmos llamados cánticos graduales tienen una idea relacionada con ese viaje que los judíos emprendía para acudir a su cita con Dios ya sea en pascua, pentecostés o fiesta de los tabernáculos. Están diseñados para gente que se mueve, para personas que quieren elevarse a las alturas para conocer más y mejor a su Creador.

Además estos cantos tienen como característica que son muy cortos. Exceptuando el ciento treinta y dos, todos son muy breves para su memorización a fin de recitarlos sin necesidad de contar con un libro para leerlos y esa es su gran virtud que en unas cuantas palabras nos hacen acercarnos a Dios como viajeros que se apresuran a llegar su destino.

El libro de los salmos como lo hemos dicho a lo largo de nuestros estudios está conformado por cinco grandes libros: Primer libro: salmo uno al cuarenta y uno Segundo libro: salmo cuarenta y dos al setenta y dos Tercer libro: salmo setenta y tres al ochenta y nueve Cuatro libro: salmo noventa al ciento seis Quinto libro: salmo ciento siete al ciento cincuenta.

La sección de los cánticos graduales o de elevación se ubican justamente en el último tomo en el que los judíos dividen el extenso libro de ciento cincuenta capítulos para su estudio, meditación y memorización.

Nuestra seria lleva por título: Señor, anímame en mi peregrinar a la patria celestial

1. Para luchar con los que aborrecen la paz. Salmo 120

2. Para no olvidar que tú eres mi socorro. Salmo 121

3. Para amar tu ciudad santa. Salmo 122

4. Para esperar siempre en tu misericordia. Salmo 123

5. Para tener presente que tú nos preservas. Salmos 124

6. Para recordar que nos rodeas con tu favor. Salmo 125

7. Para creer que haces grandes cosas con nosotros. Salmos 126

8. Para encontrar el sentido a la vida. Salmo 127

9. Para confiar en la bendición a nuestra familia. Salmo 128

10. Para esperar tu intervención contra nuestros enemigos. Salmo 129

11. Para apelar a tu perdón cuando fallo. Salmo 130

12. Para vivir humildemente. Salmo 131

13. Para esforzarme en tu obra. Salmo 132

14. Para disfrutar la comunión con tus hijos

15. Para bendecirte en todo tiempo

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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