La Biblia dice en Proverbios 19: 29

“Listas están las varas para los insolentes; los buenos azotes para la espalda de los necios.”

El libro de Proverbios es una exhortación para evitar la insolencia y la necedad. A lo largo de los treinta y un capítulos, Salomón y los recopiladores de la sabiduría hebrea insisten en la gran necesidad que los seres humanos tienen de dejar estas dos conductas porque los conducen irremediablemente a la disciplina divina.

La vara y los azotes son dos expresiones con el mismo sentido: castigo, sanción y pena punitiva contra quienes se obstinan en vivir con insolencia, es decir, irrespetuosos, irreverentes y extremadamente sin cuidado con las cosas sagradas o la persona de nuestro buen Dios. 

Pero también la necedad es reprendida porque revela una oposición abierta a todo lo que represente al Señor: su palabra, su reino y su propia persona. Es una conducta en la que los hombres y mujeres deciden vivir su vida apartados de cualquier invitación divina a cambiar hábitos y estilo de existencia. 

El proverbista alerta a quienes viven de esta manera porque precisa que están listas tanto las varas para los insolentes, como los buenos azotes para la espalda de los necios, es decir, no van a preparar nada para castigar a estas dos clases de personas, sino que ya están dispuestas para ellos. 

La frase nos hace pensar en que la disciplina contra esta clase de personas está segura. Que no escaparán de ella y que Dios los habrá de sancionar porque su conducta es contraria a la sabiduría, la sensatez y la prudencia. Los insolentes y los necios no tendrán ninguna clase de concesión porque viven para ellos mismos. 

Se trata de una advertencia seria para que quienes así viven cambien de conducta de manera inmediata y se sujeten a las normas que Dios ha establecido para los seres humanos ya que de esa única manera podrán evitar ser juzgados severamente por el Creador que tiende siempre su mano antes de alzarla con castigo.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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