La Biblia dice en 1ª Timoteo 1:7

“Quieren ser maestros de la ley de Dios, cuando no entienden lo que ellos mismos dicen ni lo que enseñan con tanta seguridad.”

La iglesia de Éfeso se vio asediada por falsos maestros. Llegaron allí desde los que presumían de conocer a los grandes arcanos, también los influenciados por la religión a los dioses romanos, en particular a Diana y como toda ciudad cosmopolita había también judaizantes que a fuerza quería introducir la ley mosaica en la iglesia, pero a su conveniencia.

Pablo le escribe a su hijo espiritual Timoteo para alertarlo sobre estos últimos que tenían un grave problema querían ser maestros de la ley de Dios, pero no entendían ni lo que decían ni lo que enseñaban a pesar de hacerlo con tanta seguridad y no es que Pablo estuviera contra la ley de Moisés, más bien estaba en contra del uso que le daban.

El judaismo es apasionante. El estudio de los libros sagrados de los hebreos contenidos en nuestra Biblia es un deber para todo creyente, pero debe marcarse con toda claridad la línea que separa el judaísmo del cristianismo. La fe en Cristo nace en el corazón del judaísmo, pero inevitablemente se separa por múltiples razones.

Nosotros, por ejemplo, no tenemos que guardar los 613 mandamientos que los rabinos hebreos consignan del libro de Génesis al de Deuteronomio. Solo quedaron prescritos en el Concilio de Jerusalén cuatro: abstenernos de idolatría, de fornicación, de animales ahogados y de la ingesta de sangre. Fuera de allí, ni el sábado quedó como obligatoriedad.

Pablo previene a Timoteo sobre la presencia desde ese entonces de falsos maestros que se presentaban como conocedores de la ley hebrea sin serlo, un mal que continúa hasta nuestros días porque vivimos tiempos en los que nos encontramos con personas que ni siquiera entienden la diferencia entre la iglesia e Israel en la Escritura y se asumen expertos.

La ley no tiene nada de malo. Es el ayo que nos llevó a Cristo, les decía Pablo a sus compatriotas. El problema está en que hay personas que sin conocer a profundidad la materia, se presentan como grandes conocedores y extravían y confunden a quienes los escuchan porque ignoran lo que dicen o enseñan.

Pablo alerta a Timoteo y nos alerta para tener precaución con esta clase de maestros y con todos aquellos que sin la debida preparación se asumen como pedagogos. Esta clase de personas son unos perfectos charlatanes que seducen a las almas inconstantes y las extravían de la verdadera fe.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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