La Biblia dice en Éxodo 33:14

Yo mismo te acompañaré y te haré descansar, dijo el Señor.

Después de la experiencia del becerro de oro en el desierto, que mostró el necio corazón del pueblo hebreo, Moisés se dirige a Dios para suplicarle que lo ayude porque dirigirlos e introducirlos en la tierra prometida era un gran desafío que humanamente parecía imposible de lograr por las peculiaridades de la nación israelita. 

Moisés se sentía completamente abrumado porque sabía que la encomienda que Dios le acababa de dar sencillamente lo superaba grandemente porque implicaba sacar fuerzas más allá de su capacidad, porque sabía que requeriría mucha paciencia para soportar las necedades de sus compatriotas. 

Ante esa solicitud Dios le prometió a su siervo que lo acompañaría y le daría descanso. Su presencia le garantizaba la victoria en el plan que tenía para los judíos que había liberado de Egipto con brazo extendido y fuerte y la promesa de descanso lo ayudaría a resistir lo desgastante que resulta servir en una obra de gran envergadura. 

La promesa que Dios hizo a Moisés nos ayuda mucho para comprender la naturaleza del servicio a Dios. La obra de Dios es exigente, reclama valentía, demanda entrega incondicional y obliga a trabajar más allá de nuestras fuerzas y nunca se podrá hacer solo o con fuerzas humanas. 

Es indispensable la presencia de Dios. No llegaremos a ningún lado sin el acompañamiento del Creador. Sin Dios nada obtendremos y al contrario nos llenaremos de frustración, fastidio y enfado porque las cosas no salen como uno quisieran que salieran. En cambio con su presencia a nuestro lado aun las derrotas sirven para forjar nuestro carácter. 

Y ni qué decir del descanso que solo él puede darnos en esas largas horas de cansancio no solo físico, pero sobre todo mental. Cuando agotados emocionalmente ya no queremos seguir, cuando desgastados queremos botarlo todo y hacer otra cosa, pero en ese momento su descanso, reposo, calma y respiro nos devuelve la tranquilidad que necesitamos. 

Trabajar para Dios en las más diversas formas requiere tener presente que lo haremos solo si él nos acompaña y nos da descanso. Sin estas dos acciones la labor en la obra de Dios se puede volver no solo frustrante, sino hasta molesta porque las fuerzas humanas son insuficientes para una labor profundamente espiritual. 

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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