La Biblia dice en Rut 1:6

“Un día Noemí oyó decir en Moab que el Señor se había compadecido de su pueblo y que había puesto fin a la época de hambre.”

La historia de Rut es el relato sobre una familia en la que tres mujeres pierden a sus respectivos esposos. En esos días esa clase de acontecimientos eran interpretados como una desgracia, e incluso, como una maldición porque dos de los maridos murieron sin siquiera tener descendencia.

El autor de esta valiosísima obra recoge el sentir de cada una de las viudas, Noemí la suegra de Orfa y Rut expresa con toda crudeza el dolor que siente por haber perdido a toda su parentela directa: esposo e hijos murieron en la tierra a la que paradójicamente habían ido para salvar su vida de una hambruna que se había presentado en Belén, su pueblo.

En diez años la vida de Noemí dio un cambio radical: de ser una mujer feliz y llena de vida de pronto era una viuda que perdió al par de hijos que Dios le había dado y eso la hizo inmensamente infeliz porque de un momento para otro la viudez la marcó para siempre como si se tratara de un castigo divino.

Moab se convirtió para ella en un desdichado lugar a donde llegó solo para perder lo más valioso que tenía en la vida y por esa razón cuando supo que la hambruna había cesado en Belén decidió regresar. El retorno no fue fácil. Volvía literalmente vacía tanto en lo material como en lo familiar. Pero tomó la decisión de retornar al lugar a donde lo tuvo todo.

No era una decisión fácil porque era asentarse de nueva cuenta en lugar donde vivió con su familia. Los recuerdos se agolparían sobre ella porque allí se casó, allí vio crecer a sus hijos, en otras palabras allí fue inmensamente feliz, pero ahora ya no estarían ni su esposo ni sus vástagos. Que difícil sería lidiar con esos pensamientos y sentimientos.

Pero volvió confiada, como nos dice el verso que hoy meditamos, en que Dios se había compadecido de su pueblo y la escasez había terminado y los campos de nuevo habían vuelto a producir granos para la alimentación. Regresó confiada en la compasión divina, esa característica singular del Creador que sabe perfectamente de nuestros dolores y penas.

En términos humanos ella ya nada tenía que hacer en Belén. No tenía nada. Había perdido todo, pero volvió confiada y segura de que la bondad del Señor hacia su pueblo al que ella al retornar se asumía como integrante o parte de él. Retornó con Rut, su nuera. Y esa decisión cambió no solo su estado anímico, sino su condición de viuda maldita.

Rut se casó con Booz y de esa forma el hijo de ambos se convirtió por la ley judía en nieto de Noemí, quien experimentó así el amor, la misericordia, la compasión y bondad del Señor que como dice el salmista es mejor que la vida. La bondad divina tiene expresiones que van más allá de lo que podemos entender por eso debemos confiar siempre en ella.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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