La Biblia dice en Jueces 18:30

“Allí los danitas colocaron el ídolo tallado, para adorarlo, y su sacerdote fue Jonatán, hijo de Guersón y nieto de Moisés. Después los descendientes de Jonatán fueron sacerdotes de los danitas, hasta el exilio.”

El libro de los Jueces plantea con toda claridad el tiempo en que se suscitaron los hechos que relata como una parte de la historia de Israel en la que no había rey en esa nación y cada quien hacía lo que le parecía. De esa forma uno puede comprender que las irregularidades, lo descabellado y hasta lo idolátricos sucesos contados eran temas nacidos en el caos.

De esa forma puede un comprender y entender el hecho de que el nieto de Moisés, el gran legislador del pueblo hebreo, el hombre más humilde de su época y quien se relacionó con Dios de manera directa tuviera un nieto que no solo se entregó a la idolatría, sino que se adjudicó un papel que no le correspondía al convertirse o autonombrarse sacerdote.

Jonatán fue hijo de Guersón, que fue uno de los hijos de Moisés que le nació en Madián cuando se casó con Séfora luego de huir de Egipto a causa del homicidio que había cometido y la intención del Faraón de matarlo y justamente ese nieto inauguró un sacerdocio ilegítimo que perduró por muchas generaciones.

La violenta tribu de Dan que envió a seiscientos soldados para buscar o más bien para reconocer la tierra donde habrían de asentarse porque no tenían posesión todavía se hizo de los ídolos y sacerdote de Micaías y los llevó a Siló donde estaba el tabernáculo del Señor para hacerlos objetos de adoración.

Lo sorprendente no es que se hayan llevado esos dioses prohibidos por la ley hebrea, sino el hecho de que hayan convertido al nieto de Moisés en sacerdote cuando él por designación divina sabía que el sacerdocio había recaído sobre sus primos en segundo grado, es decir los hijos del tío de su papá, Aarón. Y él no tenía incumbencia en ello.

Pero eran días de gran desorden espiritual y Jonatán no pudo honrar el nombre de su abuelo y se dejó arrastrar por la “cultura” prevaleciente en sus días, una “cultura” que provocó que los judíos imitaran a las naciones circuncidantes de Israel: paganas, apartadas del Creador y entregadas a la idolatría.

Jonatan era la tercera generación de Moisés y cayó en las cosas que su abuelo tanto combatió recordándonos el gran compromiso de educar a nuestros hijos en la verdad de la palabra de Dios para que estos a su vez formen a sus hijos, nuestros nietos, en lo que Dios demanda y lo que rechaza.

La generación de Jonatan fue una generación que no vio lo que Dios hizo en Egipto y por eso se les hizo muy fácil entregarse a la idolatría.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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