La Biblia dice en Mateo 1:19

“José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente.”

José, el prometido de María, era un hombre justo. La palabra justo puede traducirse también como un hombre piadoso y también como un hombre recto o íntegro. Todos los términos mencionados son utilizados tanto en el Antiguo como Nuevo Testamento para definir a una persona temerosa de Dios con una conducta intachable, ajustada a las demandas divinas.

Y su actitud frente al embarazo de María lo retrató perfectamente en su condición de un hombre piadoso. No reaccionó como debía hacer cualquier hombre cuya honra hubiera sido pisoteada con una prometida que resultó encinta mucho antes de casarse. Otro la hubiera denunciado y la hubiera condenado a la muerte por lapidación.

Pero José no fue así. No se condujo de esa manera. Optó por una actitud o una conducta de amor por su prometida y quiso dejarla en secreto. Nadie sabría nada. María no sería condenada y él llevaría sobre sus hombros el fracaso de su matrimonio antes de que éste se consumara. De verdad José era justo.

Su actitud ante una afrenta –que en realidad no existió porque María había concebido por obra del Espíritu Santo– es una muestra del espíritu que envuelve el milagro de la encarnación de Cristo: renuncia a nuestro egoísmo y el perdón a los que nos afrentan y ofende con sus palabras y acciones.

La Navidad es un milagro que nos enseña justamente esa actitud de José: renunciar a la venganza y optar por la paz. La revancha nunca ayudará a nadie a resolver una afrenta, al contrario la ahondará. El manejo de una traición se debe procesar con el auxilio de Dios para que no carcoma nuestra alma.

La historia de José nos enseña que un justo no es vengativo. La Navidad nos hace crecer en amor y disminuir en rencor. El resentimiento es al final de cuentas una imagen viva de un ego herido, incapaz de mirar hacia los demás con compasión, particularmente a quienes nos han hecho mal.

Porfirio Flores
Indígena zapoteco de la sierra norte de Oaxaca, México. Sirvo a Cristo en la ciudad de Oaxaca junto con mi familia. Estoy seguro que la única transformación posible es la que nace de los corazones que son tocados por Dios a través de su palabra.

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